Para quien sepa algo sobre alguna persona desaparecida o quiere saber quienes desaparecierón ultimamente puede acceder este link de la Fuerza especial de lucha contra el crimen FELCC por sus siglas
http://evassmat.com/VMxq
El número gratuito de la policia boliviana es:
800-14-3030
La tenencia ilegal de personas es penada por ley
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Arnold Schwarzenegger despidió al Profesor Jaime Escalante.
Arnold Schwarzenegger despidió
al Profesor Jaime Escalante.
El legendario fisicoculturista de origen Austriaco, actor y ahora gobernador de California, estuvo presente en el funeral del Profesor Jaime Escalante, quien era considerado un genio en las matemáticas.
Arnold destacó la gran labor realizada por el pedagogo Boliviano en Estados Unidos, por haber inspirado jóvenes a superarse mediante el estudio, dijo considerarlo un héroe y haber sido también inspirado por él, recordando que el también fue inmigrante, “tuve que tomar clases extras en mi juventud y me hubiese gustado haber sido alumno suyo”.
Schwarzenegger tuvo la oportunidad de conocerle años atrás, cuando fue invitado por el profesor a dar charla de motivación a los alumnos de su clases. También felicitó a su amigo Edwards James Olmos por su excelente interpretación encarnando a Escalante (film que inmortalizo la vida del Profesor), bromeo al decir que el Profesor Escalante tenia mejor look, arrancando así la risa de los presentes, incluido James.
Arnold se despidió con el tradicional “Hasta la vista”
También estuvieron LOS LOBOS el grupo de música regional y creadores de “La Bamba”, quienes se despidieron con lo mejor que saben hacer (tocando) en el escenario armado para este acontecimiento.
Solo un representante de nuestro Gobierno Plurinacional estuvo presente, quien estuvo lo más lejos posible y sin emitir palabras alusivas a la memoria de este gran ejemplo de boliviano, a quien se rindió honores como si estuviera en su propia tierra, lo digo así, ya que sus restos fueron trasladados a pie de un centro educativo a otro, paralizando el trafico por donde paso.
Antiguamente el profesor Escalante fue a tomar examen de matemáticas a la promoción 1959 del colegio Don Bosco, ya que antiguamente los profesores de un colegioiban a tomar examen a otros colegio
Su hermano Raul Escalante egreso del colegio Don Bosco el año 1959
El legendario fisicoculturista de origen Austriaco, actor y ahora gobernador de California, estuvo presente en el funeral del Profesor Jaime Escalante, quien era considerado un genio en las matemáticas.
Arnold destacó la gran labor realizada por el pedagogo Boliviano en Estados Unidos, por haber inspirado jóvenes a superarse mediante el estudio, dijo considerarlo un héroe y haber sido también inspirado por él, recordando que el también fue inmigrante, “tuve que tomar clases extras en mi juventud y me hubiese gustado haber sido alumno suyo”.
Schwarzenegger tuvo la oportunidad de conocerle años atrás, cuando fue invitado por el profesor a dar charla de motivación a los alumnos de su clases. También felicitó a su amigo Edwards James Olmos por su excelente interpretación encarnando a Escalante (film que inmortalizo la vida del Profesor), bromeo al decir que el Profesor Escalante tenia mejor look, arrancando así la risa de los presentes, incluido James.
Arnold se despidió con el tradicional “Hasta la vista”
También estuvieron LOS LOBOS el grupo de música regional y creadores de “La Bamba”, quienes se despidieron con lo mejor que saben hacer (tocando) en el escenario armado para este acontecimiento.
Solo un representante de nuestro Gobierno Plurinacional estuvo presente, quien estuvo lo más lejos posible y sin emitir palabras alusivas a la memoria de este gran ejemplo de boliviano, a quien se rindió honores como si estuviera en su propia tierra, lo digo así, ya que sus restos fueron trasladados a pie de un centro educativo a otro, paralizando el trafico por donde paso.
Antiguamente el profesor Escalante fue a tomar examen de matemáticas a la promoción 1959 del colegio Don Bosco, ya que antiguamente los profesores de un colegioiban a tomar examen a otros colegio
Su hermano Raul Escalante egreso del colegio Don Bosco el año 1959
La estafa de la maleta
Esta es una recomendación de la policia boliviana sobre este tipo de estafa realizada por antisociales
Alertamos a la Población Boliviana, que antisociales están realizando el modus operandi de la # #ESTAFA_DE_LA_MALETA, sonsacando dineros a sus víctimas bajo el argumento de que un familiar o un amigo habría perdido o se le habría retenido sus maletas en algún aeropuerto durante su viaje, haciéndose pasar por funcionarios de la Policía Boliviana, SABSA, ADUANA, BOA u otra AEROLINEA exigiéndote en primera instancia datos de tu cédula de identidad para que supuestamente envíen a tu nombre las maletas, posteriormente te piden que hagas depósitos en #TIGO_MONEY para que supuestamente pagés el envió, presionándote reiteradas veces para que pagés inmediatamente, bajo la amenaza de que las maletas serán incahutadas, decomisadas, depositadas en almacén aduanero etc u otros argumentos similares. La IDENTIDAD FALSA que utilizan mayormente estos antisociales es el nombre de #YAMIL_HENRRY_ZENTENO_CRESPO
#RECOMENDACIONES.
Si eres Victima de este hecho de la Estafa de la Maleta:
1.- Advierte a tus familiares y amigos sobre el presente hecho, toda vez que estos antisociales te eligen por las publicaciones que hicieron tus familiares o amigos en las redes sociales sobre el viaje que realizaron via Aeropuerto, los cuales ellos suponen que no te comunicaras y te prestaras a ayudar para hacerte la estafa.
2. No envíes tus datos de tu cédula de identidad, porque estos antisociales registraran otras líneas telefónicas a nombre de sus victimas para hacer más estafas.
3.- No hagas los depósitos en #Tigo_Money, porque la billetera móvil no exige documentos de descargos para identificar a la persona que retiro el dinero.
Alertamos a la Población Boliviana, que antisociales están realizando el modus operandi de la # #ESTAFA_DE_LA_MALETA, sonsacando dineros a sus víctimas bajo el argumento de que un familiar o un amigo habría perdido o se le habría retenido sus maletas en algún aeropuerto durante su viaje, haciéndose pasar por funcionarios de la Policía Boliviana, SABSA, ADUANA, BOA u otra AEROLINEA exigiéndote en primera instancia datos de tu cédula de identidad para que supuestamente envíen a tu nombre las maletas, posteriormente te piden que hagas depósitos en #TIGO_MONEY para que supuestamente pagés el envió, presionándote reiteradas veces para que pagés inmediatamente, bajo la amenaza de que las maletas serán incahutadas, decomisadas, depositadas en almacén aduanero etc u otros argumentos similares. La IDENTIDAD FALSA que utilizan mayormente estos antisociales es el nombre de #YAMIL_HENRRY_ZENTENO_CRESPO
#RECOMENDACIONES.
Si eres Victima de este hecho de la Estafa de la Maleta:
1.- Advierte a tus familiares y amigos sobre el presente hecho, toda vez que estos antisociales te eligen por las publicaciones que hicieron tus familiares o amigos en las redes sociales sobre el viaje que realizaron via Aeropuerto, los cuales ellos suponen que no te comunicaras y te prestaras a ayudar para hacerte la estafa.
2. No envíes tus datos de tu cédula de identidad, porque estos antisociales registraran otras líneas telefónicas a nombre de sus victimas para hacer más estafas.
3.- No hagas los depósitos en #Tigo_Money, porque la billetera móvil no exige documentos de descargos para identificar a la persona que retiro el dinero.
La planta de Jícaro más conocida como Tutuma
La planta de Jícaro más conocida como Tutuma
De unos 5 metros de alto
En la antiguedad hasta el día de hoy se la trabaja cortandola y sacarle toda la pulpa que lleva dentro, luego una vez seca queda totalmente sólida y dura dandole forma a un recipiente que es utilizado de muchas maneras, como recipiente para agarrar agua, comida,frutas,etc
Un utensilio muy usado hasta el día de hoy
Para saber mas puede accesar
https://es.wikipedia.org/wiki/Crescentia_cujete
Para saber mas puede accesar
https://es.wikipedia.org/wiki/Crescentia_cujete
El tratado de 1904 y los hitos del cerrito Silala e Incalari
Nota de prensa que salio publicada en el periodico Página Siete el día domingo 11 de Noviembre de 2018 el la sección ideas en las páginas 11 y 11
El autor propone bases históricas que deberían ser tomadas en cuenta en la argumentación boliviana ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
Sergio Medinaceli Soza Periodista – ex Prefecto de Potosí.
El 23 de marzo de 2016 Evo Morales anunció una demanda en contra de Chile por las aguas del Silala, calificando a ese país como “ladrón de aguas”. Su entonces canciller, David Choquehuanca, acotó que la demanda estaría lista en dos años; mención que nos remite al refrán: “Guerra anunciada no mata moros”.
Chile se adelantó a Bolivia e inició una demanda ante la Corte Internacional de Justicia CIJ en junio de 2016. Heraldo Muñoz describe la demanda bajo los siguientes puntos:
1. Que la CIJ establezca que el Silala es un río internacional.
2. Que como tal corresponde un uso racional y equitativo, como hoy día se usa, puesto que Chile sí utiliza las aguas y Bolivia no lo hace.
3. Que no se puede afectar por parte de Bolivia ni la calidad ni la cantidad de las aguas y cualquier iniciativa está obligada a informar.
El 31 de agosto de 2018 Morales, presentó ante la CIJ la contrademanda por las aguas del Silala y solicitó a la Corte “que juzgue y declare que Bolivia tiene soberanía sobre los canales artificiales y los mecanismos de drenaje en el Silala, que están ubicados en su territorio y tiene el derecho soberano a decidir cómo los mantendrá”.
Respecto a la Contramemoria, indicó que se funda en aspectos jurídicos y, en estudios realizados en la zona del Silala que incluyen investigaciones geológicas, geofísicas, hidráulicas, hidrológicas, hidroquímicas y medioambientales que confirman que el caudal considerable de las aguas de los manantiales del Silala fluye artificialmente hacia el territorio chileno por las obras de canalización realizadas en el siglo pasado y de ninguna manera es un río.
Las afirmaciones contradictorias de Heraldo Muñoz en el punto 2, en las que solicita a la CIJ de manera inaudita que las aguas que discurren hoy día en la zona de los canales artificiales del Silala fluyan sin ninguna alteración, es decir, que Bolivia no utilice dichas aguas y continúen bajando a territorio chileno, en otras palabras quiere que la CIJ apruebe el uso indebido de esas aguas sólo para Chile.
¿Río o aguas subterráneas?
La controversia planteada está: ¿son aguas subterráneas finitas que emanan escasamente de bofedales o es un río internacional?
De acuerdo con todos los estudios técnicos sucedidos en el área del Silala, se ha demostrado que esa corriente que emana y fluye por una pendiente de 4% no es un río.
Veamos de manera sencilla. Para que un río sea tal, existen ciertos condicionamientos, como ser: una quebrada que demuestre el crecimiento histórico de las aguas del río manifestadas en testigos de crecimientos en las orillas, verificación del origen de las aguas que las más de las veces son consecuencia de lluvias o emanaciones de nevados circundantes a la quebrada, el hilo del río tiene que tener un cauce sobre la roca madre del área de discurrimiento horadando las tierras superficiales. Deben existir cantos rodados, arenas y areniscas.
Producto de la afluencia de aguas, un río tiene volúmenes diferenciados de acuerdo con la época, siendo las de mayor caudal en la época de lluvias y llegando en épocas de sequía a volúmenes cero, es decir, que el volumen de las aguas nunca es constante durante todo el año.
De acuerdo con los estudios realizados por el ingeniero Antonio Bazoberry y otros, las características geológicas e hidrológicas de la zona demuestran los siguientes extremos: Se evidencia que las quebradas se formaron por la erosión permanente producida por aguas fluvio-glaciales y metorizacion mecánica.
Los suelos que cubren la base de las quebradas están cubiertos de clastos angulares de varios tamaños que no han sido removidos por la corriente de agua de un río o de una vertiente. En la formación de las quebradas, localizadas en la región del Quetena, no se manifiesta ninguna actividad fluvial, porque están cubiertas con sedimentos y clastos de varios tamaños que no han sido removidos por falta de un flujo de agua natural.
Esto indica que las quebradas no han recibido, desde su formación, ningún flujo notorio de río. Además, se ha demostrado que en la zona llueve en un promedio de cuatro a 10 milímetros por año.
Si la CIJ preguntara a las partes: ¿qué ocurriría si se levantan los canales artificiales de la zona de los bofedales del Silala? Bolivia de acuerdo con todos los estudios y antecedentes históricos respondería afirmando que todas esas aguas subterráneas de reservorios finitos volverían a hacer renacer toda la flora de bofedales que fueron destruidos para instalar los diversos canales artificiales y demostraría en el tiempo que el flujo de agua emergente no pasaría de un litro por segundo, insuficiente para discurrir por la superficie filtrante.
Está claro que la respuesta chilena no podría demostrar técnicamente que sin la mampostería artificial se obtendría un caudal continuo de más de 200 litros por segundo, que es la cantidad que actualmente se va para Chile. Esta pregunta y las respuestas son base fundamental para destruir la tesis de “río” y por tanto hacer prevalecer el petitorio boliviano.
Concesiones de la zona del Silala
En relación con los antecedentes jurídicos, en 1908 la Prefectura de Potosí otorgó en concesión la zona del Silala al Ferrocarril Antofagasta Bolivia (FCAB), en 1996 rescinde contrato de concesión otorgado al FCAB, misma que acude a los juzgados de Potosí para evitar esa rescisión, con lo cual se demuestra que la empresa reconoce a la Prefectura como propietaria de esas aguas.
En 1999 la Superintendencia de Aguas otorgó en concesión las aguas del Silala a la empresa boliviana DUCTEC, que al iniciar su labor emitió varias facturas enviándolas a la empresa chilena para que paguen por el uso de las aguas; es necesario recordar que el Gobierno de Bolivia asume esta estrategia para que su solución se dé entre partes privadas; sin embargo, el Gobierno de Chile ordena a la empresa chilena que administra esas aguas, no pague ninguna factura a la DUCTEC argumentando que las aguas corresponde a un río internacional.
Este hecho recuerda al pirata inglés Francis Drake que, autorizado por la reina de Inglaterra, asaltaba los barcos españoles dando parte del botín al reino inglés y por estos actos fue nombrado “Sir Drake”. Así ocurre en este caso, cuando el Gobierno de Chile ordena a la empresa chilena, seguir robando aguas de Bolivia.
Finalmente es importante resaltar en la argumentación boliviana ante la CIJ, el siguiente hecho histórico: los límites descritos en el tratado de paz y amistad entre Bolivia y Chile de 1904 se basan en fenómenos orográficos, arcifinios como cimas de cerros, contrafuertes, paso de ríos, divisoria de aguas y otro tipo de descripciones con nombres propios de los cerros y montañas.
Esos límites y su descripción fueron elaborados muchísimos años antes de 1904 por brigadas chilenas e ingenieros ingleses con escasa participación de brigadas bolivianas. Sin embargo y para efectos de lo que interesa, el tratado de 1904 describe de la siguiente manera: la nueva limitación parte de la cumbre más alta del cerro Zapaleri identificado como (1), pasando por varios otros puntos hacia el Norte hasta llegar al punto (15), que indica lo siguiente: desde cuya cumbre norte (volcán Apagado) (15) irá por un contrafuerte al cerrito de Silala (16), y después en línea recta al cerro de Inacalari o del Cajón (17).
Obsérvese que entre el cerrito Silala y el cerro Inacalari no describe el paso de ningún río. Mientras que más al Norte, entre los puntos (47), (48), (49) y (50), el tratado dispone: seguirá al noroeste por los cerros de Irruputuncu (47) y Patalani (48). De esta cumbre irá el límite en línea recta al cerrito Chiarcollo (49), cortando el río Cancosa (50); en este caso la línea imaginaria entre el punto (49) y (50) corta el río Cancosa, es decir, el tratado recoge la información hidrográfica de la zona.
Lo mismo sucede más al norte: entre el cerro Chinchillani (69), y cortando el río Todos Santos (70) nuevamente el tratado hace referencia a un río, en este caso el río Todos Santos. Cuando el límite corta el río Lauca, la redacción es como sigue: del cerro Puquintica (77) irá al Norte por el cordón que se dirige a Macaya, cortará en este punto al río Lauca (78). En conclusión, el tratado de 1904 toma en cuenta los ríos existentes en la nueva frontera Bolivia-Chile. Para el caso de la zona del Silala no anota el paso por un río, con lo que queda demostrado que la zona no pertenece a un cauce de río alguno.
Pese a todo, la historia del Silala deviene de más de un siglo, en el que los derechos de los Estados sobre sus territorios estuvieron enmarcados en hechos y actos jurídicos que produjeron resultados en el ámbito del derecho público y del privado, y puede la CIJ considerar la resolución de las NNUU que declara el uso del agua como derecho humano.
El autor propone bases históricas que deberían ser tomadas en cuenta en la argumentación boliviana ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
Sergio Medinaceli Soza Periodista – ex Prefecto de Potosí.
El 23 de marzo de 2016 Evo Morales anunció una demanda en contra de Chile por las aguas del Silala, calificando a ese país como “ladrón de aguas”. Su entonces canciller, David Choquehuanca, acotó que la demanda estaría lista en dos años; mención que nos remite al refrán: “Guerra anunciada no mata moros”.
Chile se adelantó a Bolivia e inició una demanda ante la Corte Internacional de Justicia CIJ en junio de 2016. Heraldo Muñoz describe la demanda bajo los siguientes puntos:
1. Que la CIJ establezca que el Silala es un río internacional.
2. Que como tal corresponde un uso racional y equitativo, como hoy día se usa, puesto que Chile sí utiliza las aguas y Bolivia no lo hace.
3. Que no se puede afectar por parte de Bolivia ni la calidad ni la cantidad de las aguas y cualquier iniciativa está obligada a informar.
El 31 de agosto de 2018 Morales, presentó ante la CIJ la contrademanda por las aguas del Silala y solicitó a la Corte “que juzgue y declare que Bolivia tiene soberanía sobre los canales artificiales y los mecanismos de drenaje en el Silala, que están ubicados en su territorio y tiene el derecho soberano a decidir cómo los mantendrá”.
Respecto a la Contramemoria, indicó que se funda en aspectos jurídicos y, en estudios realizados en la zona del Silala que incluyen investigaciones geológicas, geofísicas, hidráulicas, hidrológicas, hidroquímicas y medioambientales que confirman que el caudal considerable de las aguas de los manantiales del Silala fluye artificialmente hacia el territorio chileno por las obras de canalización realizadas en el siglo pasado y de ninguna manera es un río.
Las afirmaciones contradictorias de Heraldo Muñoz en el punto 2, en las que solicita a la CIJ de manera inaudita que las aguas que discurren hoy día en la zona de los canales artificiales del Silala fluyan sin ninguna alteración, es decir, que Bolivia no utilice dichas aguas y continúen bajando a territorio chileno, en otras palabras quiere que la CIJ apruebe el uso indebido de esas aguas sólo para Chile.
¿Río o aguas subterráneas?
La controversia planteada está: ¿son aguas subterráneas finitas que emanan escasamente de bofedales o es un río internacional?
De acuerdo con todos los estudios técnicos sucedidos en el área del Silala, se ha demostrado que esa corriente que emana y fluye por una pendiente de 4% no es un río.
Veamos de manera sencilla. Para que un río sea tal, existen ciertos condicionamientos, como ser: una quebrada que demuestre el crecimiento histórico de las aguas del río manifestadas en testigos de crecimientos en las orillas, verificación del origen de las aguas que las más de las veces son consecuencia de lluvias o emanaciones de nevados circundantes a la quebrada, el hilo del río tiene que tener un cauce sobre la roca madre del área de discurrimiento horadando las tierras superficiales. Deben existir cantos rodados, arenas y areniscas.
Producto de la afluencia de aguas, un río tiene volúmenes diferenciados de acuerdo con la época, siendo las de mayor caudal en la época de lluvias y llegando en épocas de sequía a volúmenes cero, es decir, que el volumen de las aguas nunca es constante durante todo el año.
De acuerdo con los estudios realizados por el ingeniero Antonio Bazoberry y otros, las características geológicas e hidrológicas de la zona demuestran los siguientes extremos: Se evidencia que las quebradas se formaron por la erosión permanente producida por aguas fluvio-glaciales y metorizacion mecánica.
Los suelos que cubren la base de las quebradas están cubiertos de clastos angulares de varios tamaños que no han sido removidos por la corriente de agua de un río o de una vertiente. En la formación de las quebradas, localizadas en la región del Quetena, no se manifiesta ninguna actividad fluvial, porque están cubiertas con sedimentos y clastos de varios tamaños que no han sido removidos por falta de un flujo de agua natural.
Esto indica que las quebradas no han recibido, desde su formación, ningún flujo notorio de río. Además, se ha demostrado que en la zona llueve en un promedio de cuatro a 10 milímetros por año.
Si la CIJ preguntara a las partes: ¿qué ocurriría si se levantan los canales artificiales de la zona de los bofedales del Silala? Bolivia de acuerdo con todos los estudios y antecedentes históricos respondería afirmando que todas esas aguas subterráneas de reservorios finitos volverían a hacer renacer toda la flora de bofedales que fueron destruidos para instalar los diversos canales artificiales y demostraría en el tiempo que el flujo de agua emergente no pasaría de un litro por segundo, insuficiente para discurrir por la superficie filtrante.
Está claro que la respuesta chilena no podría demostrar técnicamente que sin la mampostería artificial se obtendría un caudal continuo de más de 200 litros por segundo, que es la cantidad que actualmente se va para Chile. Esta pregunta y las respuestas son base fundamental para destruir la tesis de “río” y por tanto hacer prevalecer el petitorio boliviano.
Concesiones de la zona del Silala
En relación con los antecedentes jurídicos, en 1908 la Prefectura de Potosí otorgó en concesión la zona del Silala al Ferrocarril Antofagasta Bolivia (FCAB), en 1996 rescinde contrato de concesión otorgado al FCAB, misma que acude a los juzgados de Potosí para evitar esa rescisión, con lo cual se demuestra que la empresa reconoce a la Prefectura como propietaria de esas aguas.
En 1999 la Superintendencia de Aguas otorgó en concesión las aguas del Silala a la empresa boliviana DUCTEC, que al iniciar su labor emitió varias facturas enviándolas a la empresa chilena para que paguen por el uso de las aguas; es necesario recordar que el Gobierno de Bolivia asume esta estrategia para que su solución se dé entre partes privadas; sin embargo, el Gobierno de Chile ordena a la empresa chilena que administra esas aguas, no pague ninguna factura a la DUCTEC argumentando que las aguas corresponde a un río internacional.
Este hecho recuerda al pirata inglés Francis Drake que, autorizado por la reina de Inglaterra, asaltaba los barcos españoles dando parte del botín al reino inglés y por estos actos fue nombrado “Sir Drake”. Así ocurre en este caso, cuando el Gobierno de Chile ordena a la empresa chilena, seguir robando aguas de Bolivia.
Finalmente es importante resaltar en la argumentación boliviana ante la CIJ, el siguiente hecho histórico: los límites descritos en el tratado de paz y amistad entre Bolivia y Chile de 1904 se basan en fenómenos orográficos, arcifinios como cimas de cerros, contrafuertes, paso de ríos, divisoria de aguas y otro tipo de descripciones con nombres propios de los cerros y montañas.
Esos límites y su descripción fueron elaborados muchísimos años antes de 1904 por brigadas chilenas e ingenieros ingleses con escasa participación de brigadas bolivianas. Sin embargo y para efectos de lo que interesa, el tratado de 1904 describe de la siguiente manera: la nueva limitación parte de la cumbre más alta del cerro Zapaleri identificado como (1), pasando por varios otros puntos hacia el Norte hasta llegar al punto (15), que indica lo siguiente: desde cuya cumbre norte (volcán Apagado) (15) irá por un contrafuerte al cerrito de Silala (16), y después en línea recta al cerro de Inacalari o del Cajón (17).
Obsérvese que entre el cerrito Silala y el cerro Inacalari no describe el paso de ningún río. Mientras que más al Norte, entre los puntos (47), (48), (49) y (50), el tratado dispone: seguirá al noroeste por los cerros de Irruputuncu (47) y Patalani (48). De esta cumbre irá el límite en línea recta al cerrito Chiarcollo (49), cortando el río Cancosa (50); en este caso la línea imaginaria entre el punto (49) y (50) corta el río Cancosa, es decir, el tratado recoge la información hidrográfica de la zona.
Lo mismo sucede más al norte: entre el cerro Chinchillani (69), y cortando el río Todos Santos (70) nuevamente el tratado hace referencia a un río, en este caso el río Todos Santos. Cuando el límite corta el río Lauca, la redacción es como sigue: del cerro Puquintica (77) irá al Norte por el cordón que se dirige a Macaya, cortará en este punto al río Lauca (78). En conclusión, el tratado de 1904 toma en cuenta los ríos existentes en la nueva frontera Bolivia-Chile. Para el caso de la zona del Silala no anota el paso por un río, con lo que queda demostrado que la zona no pertenece a un cauce de río alguno.
Pese a todo, la historia del Silala deviene de más de un siglo, en el que los derechos de los Estados sobre sus territorios estuvieron enmarcados en hechos y actos jurídicos que produjeron resultados en el ámbito del derecho público y del privado, y puede la CIJ considerar la resolución de las NNUU que declara el uso del agua como derecho humano.
Documental El robo
Documental producido por la firma mexicana 'Neurona', por encargo de la Asamblea Legislativa Plurinacional del Gobierno de Evo Morales
Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=WVdDdydHtog
Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=WVdDdydHtog
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Algo quema en el cuerpo de LOS NIETOS de la dictadura
Nota de prensa que salio publicada en el periodico Página Siete en la revista Rasca Cielos el día domingo 2 de septiembre de 2018
Mauricio Alfredo Ovando de la Quintana, cineasta, estrena su primera película documental Algo quema. Algo busca y algo encuentra. Mira a su abuelo, presidente y dictador en los años 60, y decide poner el cuerpo ante la historia. ¿Están los nietos de militares y dictadores en América Latina expiando una responsabilidad que no les corresponde?
Cecilia Lanza Lobo
Aun niño le toca un abuelo que enseñaba a nadar a sus hijos, que leía cuentos a sus nietos, que jugaba cartas, que hablaba poco. Un abuelo militar bajo cuyo mando las Fuerzas Armadas renacieron de las cenizas, y bajo cuyo mando se asesinaron mineros, estudiantes, y al Che Guevara. Un abuelo Presidente, dictador, aquél que nacionalizó la Gulf, que instaló la primera planta de fundición de estaño en Vinto haciendo efectiva una verdadera nacionalización minera, un abuelo que tuvo como ministro al líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz y como jefe de Seguridad al temible Luis Arce Gómez. Un hombre de carácter recio a pesar de su cuerpo demasiado delgado, casi soso. Un abuelo al que ese niño no conoció sino por su presencia silenciosa, contundente, en ese enorme retrato en blanco y negro en la sala de la casa grande, y en un busto macizo de sus años como ex Presidente.
Tres décadas más tarde ese niño, ahora adulto, descubre accidentalmente que la historia familiar es una veta singular y potente para sus afanes de cineasta pero descubre algo aún más cautivante: heridas y secretos.
Decide entonces intentar un malabarismo: aproximarse a ese abuelo distanciándose. Una paradoja imposible de sostener. Lo entierra, y entonces araña la historia. No para reconstruir un rompecabezas sino para armar un collage –dice él–, un Frankenstein de retazos de memoria familiar. El nieto abraza a ese monstruo, su monstruo.
LOS NIETOS
Treinta y un años, sereno, lúcido, de palabras precisas. El cabello desordenado atado en un moño. Va y viene. Prepara un café. –¿Es tu entierro personal?, le pregunto, pensando en la imagen que inicia su película: el entierro oficial, militar, masivo, del ex presidente Alfredo Ovando Candia, el 24 de enero de 1982, con homenaje en las puertas de la Catedral Metropolitana, vecina del Palacio de Gobierno. Él suelta una risa cortita, más bien un reflejo, y dice que no, que lo que quiere con eso es dejar claro que aquel hombre que protagoniza su película –que es su abuelo al que llama “Ovando”– está muerto, está lejos, es un hombre al que no conoció pues él aún no había nacido. Quiere marcar una distancia entre ese hombre y él, y entonces, puesto el blindaje, cuestionarlo desde esa zona en que cree ponerse a buen recaudo.
–¿Hubieses hecho lo mismo si a quien cuestionabas era tu papá y no tu abuelo?, pregunto, y esta vez responde con toda certeza que no. “No creo”, matiza, y dice que no porque su padre es “alguien muy cercano”, en cambio su abuelo no, y que quizás eso también explique por qué su padre, reconocido documentalista y custodio de valioso material histórico audiovisual, Alfredo Ovando Omiste, no lo hiciera nunca, por lo menos no como lo hace hoy su hijo. Y la distancia comienza por el nombre. Tres alfredos: abuelo, hijo y nieto. Este último, Mauricio Alfredo: Mauricio.
Mauricio se acomoda en el sillón con rueditas de su pequeña oficina, en un rincón del segundo piso de la casa grande, en la avenida 20 de Octubre, la casa del abuelo, de la familia, esa misma casa en que sucede todo en la película y en la vida, allá por los años 60 cuando gobernaba el general Alfredo Ovando Candia.
Después de haber modificado la casa varias veces para alquilarla por pedacitos en estos últimos años, después de que el nieto cineasta filmara la demolición de las gradas que suben o bajan, según como se mire, hoy la casa está en venta. Qué casualidad, justo ahora otro entierro familiar del lugar más simbólico para ellos, “un lugar especial, con mucha historia”, dice en el filme una de las nietas, un lugar en el que siente “frío”.
Desde ese rincón efectivamente frío de la casa a la que le han crecido edificios alrededor, como testimonio de que la memoria pronto será seguramente edificio también, Mauricio Ovando me hace ver que quienes miran entierros son los adultos porque los jóvenes han dado la vuelta la cámara para mirarse a sí mismos.
Pero ese giro hacia sí mismos no es banal, es carnal y tiene consecuencias. Dado que la ficción ha superado a la realidad, ellos ya no necesitan ver para creer: necesitan tocar, necesitan sentir. Y entonces se encuentran con que Algo quema.
PLAY / 1970
Septiembre, 1970. El General Alfredo Ovando, Presidente de la República, ha caído de rodillas en el suelo de la sala de su casa, en la avenida 20 de Octubre, en La Paz. Se agarra la cabeza con las dos manos, cubre su rostro, llora, está destrozado. Su hijo mayor, Marcelo, de 21 años, ha muerto. Le contaron que la avioneta en la que volaba junto al piloto se había estrellado cerca al lago Titicaca. La familia entera desesperaba un milagro que no sucedió. Cuando comunicaron al general que habían encontrado la avioneta y el cuerpo de su hijo en la isla Suriqui, él se derrumbó. Y ese fue el principio del fin.
Así lo recuerda su hija Techi, que amaba a su padre como a nadie. Llora recordando a su hermano muerto en esas circunstancias y dice que no sabe si fue un accidente o no, pero “si algo había (que pudiese destruir al Presidente) era eso, su familia”.
Casi tres décadas más tarde, un domingo de 2008, la familia Ovando fue de paseo al lago Titicaca. Terminado el almuerzo, los padres decidieron llevar a los hijos a la isla Suriqui sin mayor explicación. Ya en el lugar, desempolvaron la historia, prendieron velas, pusieron flores, rezaron. ¿Qué pasó?, ¿cómo murió?, ¿es cierto que no fue un accidente?
Eso dijeron ese septiembre de 1970 pero el General no quiso averiguar y la familia tampoco. La muerte del tío Marcelo fue para ellos un “accidente”. Había allí un dolor y probablemente algún secreto. Todas las familias guardan secretos. Y todos los hijos curiosos los buscan. Algunos, encuentran. Mauricio abrió una puerta y se encontró con que ese personaje lo llevaba inevitablemente a otro, inmenso y hasta entonces intocable: su abuelo.
¿Qué pasó aquellos meses de 1970?
Todo. Por lo menos para el presidente Ovando, ahora de rodillas en la cresta de una época de crispación política fundamental no sólo en el país sino en buena parte del mundo, que tuvo en América Latina un impacto brutal en el sentido más cabal de esa enorme palabra. La ola que arrancó en la post guerra mundial (1914–1918) y la influencia del pensamiento de ambos bloques en que acabó dividido el mundo liderado por las dos grandes potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética –capitalismo y comunismo–, pareció alcanzar el pico de la confrontación ideológica precisamente en las aguas furibundas de 1967, 68, 69, 70, 71 y así.
La efervescencia del marxismo revolucionario (de inspiración castrista y madrina soviética) llegó con fuerza a América Latina, así como la corriente contraria (de adinerado padrino Tío Sam y primos con complejo de policías del mundo), espantada ante la posibilidad de que el virus comunista se extendiera. Izquierda vs. derecha; comunismo vs. capitalismo. Proletarios, obreros, mineros y universitarios frente a oligarcas, patrones y los padres guardianes de la Patria, los militares. El mundo en rojo y negro.
El general Alfredo Ovando había llegado a la cima de esa ola como un gran surfista. No era pues ningún improvisado.
Vale aquí un buen paréntesis necesario (que si gustan, como con cualquier película a la carta de hoy en día, adelantan y se lo saltan)
REWIND / LA SILLA DEL GENERAL
Elsa, la esposa del general Ovando, está viejita. Su hijo, documentalista, la entrevista con cariño, con cuidado. Es un material audiovisual de 1999. Elsa Omiste falleció el año 2014. En la cinta que intenta ser formal sin mucho éxito pues la mamá Elsa tiene en frente a su hijo y le habla como tal, ella se queja. El asunto es simple: el Ejército le ha pedido algún objeto cualquiera, una gorra, un uniforme, algo que perteneciera a su esposo, el General, para colocar en el museo militar. Pero en la casa de los Ovando sólo había una silla que sus hijos amigueros maltrataron y a ella no le quedó otra que mandar a hacer una réplica que finalmente mandó al Estado Mayor. Nada más. Elsa se lamenta, pone mala cara y dice que, en cambio, el general Barrientos tiene allí “¡tooodo un cuarto!”
Alfredo Ovando y René Barrientos tienen las vidas atadas. No es posible hablar del uno sin mencionar al otro. Y ese es quizá el hallazgo más sensible de su nieto Mauricio.
Su historia es la de una camada de cachorros afilados en la Guerra del Chaco y graduados en la Revolución de 1952.
El general Alfredo Ovando Candia, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, las había rearticulado después de que la Revolución de 1952 clausurara y reabriera el Colegio Militar en 1953. A pesar de que es bien sabido que las relaciones entre militares y civiles a lo largo de la historia fueron apasionadas y promiscuas, unas veces amorosas, otras furibundas, el cierre del Colegio Militar como signo de derrota de las propias Fuerzas Armadas ante la Revolución que se había propuesto tumbar todos los cimientos de la oligarquía de la que los militares eran parte, fue una afrenta que los militares no perdonaron jamás. Esa no es ciertamente la única razón pero sí un dato insoslayable a la hora de repasar la historia y ver cómo precisamente Ovando, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, junto con el general René Barrientos, ambos miembros de la “célula militar” del MNR, tumbaron a su socio Víctor Paz Estensoro sin resquemor alguno en noviembre de 1964. El general René Barrientos ocupaba entonces la vicepresidencia del país por invitación de Paz Estensoro quien a su vez había traicionado el pacto de alternancia con sus compañeros de partido y había decidido postularse a la reelección apoyado por los militares, con Barrientos a la cabeza y su indiscutible liderazgo carismático.
Tres meses duró el matrimonio democrático de Paz Estensoro - Barrientos hasta que el 4 de noviembre de 1964 el propio Barrientos tumbó a Paz Estensoro. Se quebró así lo que parecía ser una maratón de 18 años ininterrumpidos -desde 1946, luego de la Guerra del Chaco- rumbo a la verdadera refundación nacional de base social revolucionaria, bajo el liderazgo del poder civil que condujo triunfalmente a la Revolución de 1952 y vivió la euforia popular precisamente hasta 1964 cuando Paz Estensoro hizo posible el retorno de los militares al poder.
Se interrumpió el liderazgo civil pero no el idilio popular (ni aún el proceso revolucionario). Porque Barrientos no sólo heredó el vínculo campesino de la reforma agraria sino que fue más allá: creó el Pacto Militar Campesino, una obra maestra que en buena medida hizo posible el sostén de las Fuerzas Armadas en el gobierno hasta fines de los años 70.
PLAY / ÁNGELES Y DEMONIOS
Barrientos y Ovando estaban estrechamente unidos y, en verdad, compartían liderazgo no solo dentro de las Fuerzas Armadas sino fuera de ellas. Tanto así que luego del golpe de 1964, la Junta Militar liderada por Barrientos, pronto se convirtió en co-presidencia: Barrientos-Ovando. Dos años más tarde, convocadas las elecciones, Barrientos fue elegido presidente constitucional. Ovando volvió a su lugar como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. (Elsa dirá, exultante, que su esposo fue ¡18 años comandante de las Fuerzas Armadas!)
Barrientos tenía a buena parte del pueblo campesino literalmente a sus pies. No así a los mineros. Cuatro meses después de iniciado su gobierno, el Pacto Militar Campesino en marcha, un hombre llamado Adolfo Mena Gonzáles, ingresaba al país. Era noviembre de 1966 y ese hombre era Ernesto Guevara, el Che.
Entre marzo y octubre de 1967 el guerrillero argentino y sus hombres enfrentaron al ejército boliviano que precisamente se había preparado para tal eventualidad en la Escuela de las Américas de Panamá siguiendo la doctrina de la seguridad nacional que construyó al enemigo interno que el Che se encargó de encarnar. Dos piezas de un mismo rompecabezas.
En completa desventaja, los guerrilleros fueron derrotados. El Che apresado, fue ejecutado por orden del Alto Mando Militar en octubre de 1967. Era Presidente el general René Barrientos, era Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas el general Alfredo Ovando, y era Jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Juan José Tórrez. (Elsa dirá que los edecanes de su marido le contaron que en el Alto Mando hubo votación y que el general Ovando eligió no asesinar al guerrillero pues si así sucedía, lo convertirían en “Dios”)
Y así fue. Ese muerto que se haría universal, pesó demasiado en el horizonte del gobierno militar. Las consecuencias fueron enormes y uno diría –incluso, y siguiendo este guión– que las pagó Ovando.
Pero antes murió Barrientos. Se dice que piloteaba un helicóptero que se enredó en un cable de alta tensión, cayó y se incendió. Se oyeron disparos. Era abril de 1969. Amante de Barrientos como era, el pueblo apuntó a Ovando como responsable. Y más aún, pues Ovando arrastraba ya a los mineros muertos en la masacre de San Juan, sucedida en plena guerrilla del Che (acusados los mineros de apoyar al guerrillero), en junio de 1967, cuando Barrientos aún vivía y era el Presidente, pero él, su gemelo político, era el eterno Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.
Tras la muerte de Barrientos asumió el vicepresidente Luis Adolfo Siles Salinas pero duró poco. Ovando golpeó e instaló un gobierno rodeado de jóvenes intelectuales dispuestos a terminar lo iniciado en la gloriosa revolución de Abril.
Pero los ánimos estaban caldeados. Demasiadas cosas habían sucedido en pocos meses. La muerte el Che estaba fresca así como la masacre de San Juan. El legado guevarista atizó aún más los ánimos de una juventud rebelde y combativa afectada igualmente por el contexto político mundial de Mayo del 68 y las revueltas universitarias sucedidas en varios lugares del mundo. En abril de 1970, jóvenes universitarios de tendencia marxista radical tomaron la Universidad Mayor de San Andrés. Fueron desalojados por militantes falangistas y una pandilla llamada Los Marqueses que habría sido alentada por un militar de nombre Luis Arce Gómez, estrechamente vinculado a Ovando.
Tres meses más tarde, julio de 1970, un grupo de 75 universitarios se hicieron pasar por alfabetizadores de aquella encomiable campaña del entonces ya instalado gobierno de Ovando e intentaron una nueva guerrilla en Teoponte. Fue un desastre. Murieron de hambre, murieron de utopía, murieron a balazos.
¿Podía suceder algo peor?
Para él sí, ahora de rodillas llorando la muerte de su hijo, también universitario en los Estados Unidos, de visita a su padre Presidente, de paseo en avioneta por el lago Titicaca.
Ese fue, efectivamente, el fin del presidente Alfredo Ovando Candia. Semanas después, el 6 de octubre de 1970 renunció. Vivió en España en una suerte de autoexilio emocional. Y el 24 de enero de 1982 murió en La Paz.
STOP / PONER EL CUERPO
Corre cinta. El padre y el hijo, ambos cineastas, intentan proyectar las cintas del inmenso archivo familiar donde el abuelo Alfredo aparece a veces en la piscina, en traje de baño, e inmediatamente después, en la misma cinta, con uniforme y en un acto oficial. Las cintas son viejas, se queman ante sus ojos, ante la cámara que ahora filma Algo quema. Padre e hijo intentan reconstruir esa historia y quizás sea más bien el padre, Alfredo Ovando Omiste –Bis para la comunidad de cineastas que lo aprecia enormemente– quien en ese gesto generoso que abre sus archivos y su vida misma a su hijo, sea quien verdaderamente entierre así a su padre, gracias a su hijo.
Si el nuevo cine latinoamericano –del que Bis es pupilo y maestro– tomó la cámara como instrumento de lucha, de denuncia social, y se puso al lado de los más desprotegidos para mirarlos desde afuera intentando con toda el alma sentirlos desde adentro, sus hijos ya no.
Para ellos no hay verdades absolutas. Y el mundo de los 70 era uno de verdades absolutas y de imágenes como verdades irrefutables. Por eso Algo quema es un collage y no un rompecabezas. Es asumir la imagen como materia prima con la que cada quien construye su propia historia. Así, Algo quema pone en duda la construcción de la imagen de un personaje (su abuelo) desde sí mismo, desde aquel gobierno, desde su familia. El cineasta selecciona, recorta, fragmenta, arma, cuenta.
Se aleja del cine militante que tenía a la verdad como bandera –dice él– y comete la misma paradoja que con su abuelo: quiere alejarse del cine de Jorge Sanjinés aproximándose a La Nación Clandestina, que en sus 5 minutos iniciales echa en cara los nombres de los asesinos de los mineros de la noche de San Juan: Barrientos, Ovando. Se acerca, se quema, y en vez de sacar el cuerpo se mete entero. Se inmola.
“Poner tu cuerpo es lo más político que puedes hacer”, dice él, que entiende que la política y el arte no están lejos y que la cámara apuntando hacia sí mismo implica una exposición consciente, buscada, que implica a su vez asumir una responsabilidad propia: “No es que yo me cargue la responsabilidad de lo que ha hecho mi abuelo pero sí me puedo hacer responsable de cómo miro yo la historia y cómo la acepto o enfrento”. Por eso el final no tira el collage al aire: lo aterriza, lo ancla. Vomita. Y cura.
La abuela Elsa dice: “me he quitado un peso de encima”. Mauricio dice: “me siento liberado sobre todo de esta cosa, me siento bien de no haberme hecho al de la vista gorda, o de haberme hecho yo mismo una imagen intocable e infalible de mi abuelo. Me siento bien de haber puesto en duda la historia, de cuestionar a mi familia con respeto. Creo que cuestionar siempre va a estar bien. Obviamente hay modos y modos. Cuestionar con inteligencia la historia me hace sentir responsable”.
Algo quema se estrena el 8 de septiembreen la Cinemateca Boliviana.
Mauricio Alfredo Ovando de la Quintana, cineasta, estrena su primera película documental Algo quema. Algo busca y algo encuentra. Mira a su abuelo, presidente y dictador en los años 60, y decide poner el cuerpo ante la historia. ¿Están los nietos de militares y dictadores en América Latina expiando una responsabilidad que no les corresponde?
Cecilia Lanza Lobo
Aun niño le toca un abuelo que enseñaba a nadar a sus hijos, que leía cuentos a sus nietos, que jugaba cartas, que hablaba poco. Un abuelo militar bajo cuyo mando las Fuerzas Armadas renacieron de las cenizas, y bajo cuyo mando se asesinaron mineros, estudiantes, y al Che Guevara. Un abuelo Presidente, dictador, aquél que nacionalizó la Gulf, que instaló la primera planta de fundición de estaño en Vinto haciendo efectiva una verdadera nacionalización minera, un abuelo que tuvo como ministro al líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz y como jefe de Seguridad al temible Luis Arce Gómez. Un hombre de carácter recio a pesar de su cuerpo demasiado delgado, casi soso. Un abuelo al que ese niño no conoció sino por su presencia silenciosa, contundente, en ese enorme retrato en blanco y negro en la sala de la casa grande, y en un busto macizo de sus años como ex Presidente.
Tres décadas más tarde ese niño, ahora adulto, descubre accidentalmente que la historia familiar es una veta singular y potente para sus afanes de cineasta pero descubre algo aún más cautivante: heridas y secretos.Decide entonces intentar un malabarismo: aproximarse a ese abuelo distanciándose. Una paradoja imposible de sostener. Lo entierra, y entonces araña la historia. No para reconstruir un rompecabezas sino para armar un collage –dice él–, un Frankenstein de retazos de memoria familiar. El nieto abraza a ese monstruo, su monstruo.
LOS NIETOS
Treinta y un años, sereno, lúcido, de palabras precisas. El cabello desordenado atado en un moño. Va y viene. Prepara un café. –¿Es tu entierro personal?, le pregunto, pensando en la imagen que inicia su película: el entierro oficial, militar, masivo, del ex presidente Alfredo Ovando Candia, el 24 de enero de 1982, con homenaje en las puertas de la Catedral Metropolitana, vecina del Palacio de Gobierno. Él suelta una risa cortita, más bien un reflejo, y dice que no, que lo que quiere con eso es dejar claro que aquel hombre que protagoniza su película –que es su abuelo al que llama “Ovando”– está muerto, está lejos, es un hombre al que no conoció pues él aún no había nacido. Quiere marcar una distancia entre ese hombre y él, y entonces, puesto el blindaje, cuestionarlo desde esa zona en que cree ponerse a buen recaudo.
–¿Hubieses hecho lo mismo si a quien cuestionabas era tu papá y no tu abuelo?, pregunto, y esta vez responde con toda certeza que no. “No creo”, matiza, y dice que no porque su padre es “alguien muy cercano”, en cambio su abuelo no, y que quizás eso también explique por qué su padre, reconocido documentalista y custodio de valioso material histórico audiovisual, Alfredo Ovando Omiste, no lo hiciera nunca, por lo menos no como lo hace hoy su hijo. Y la distancia comienza por el nombre. Tres alfredos: abuelo, hijo y nieto. Este último, Mauricio Alfredo: Mauricio.
Mauricio se acomoda en el sillón con rueditas de su pequeña oficina, en un rincón del segundo piso de la casa grande, en la avenida 20 de Octubre, la casa del abuelo, de la familia, esa misma casa en que sucede todo en la película y en la vida, allá por los años 60 cuando gobernaba el general Alfredo Ovando Candia.
Después de haber modificado la casa varias veces para alquilarla por pedacitos en estos últimos años, después de que el nieto cineasta filmara la demolición de las gradas que suben o bajan, según como se mire, hoy la casa está en venta. Qué casualidad, justo ahora otro entierro familiar del lugar más simbólico para ellos, “un lugar especial, con mucha historia”, dice en el filme una de las nietas, un lugar en el que siente “frío”.
Desde ese rincón efectivamente frío de la casa a la que le han crecido edificios alrededor, como testimonio de que la memoria pronto será seguramente edificio también, Mauricio Ovando me hace ver que quienes miran entierros son los adultos porque los jóvenes han dado la vuelta la cámara para mirarse a sí mismos.
Pero ese giro hacia sí mismos no es banal, es carnal y tiene consecuencias. Dado que la ficción ha superado a la realidad, ellos ya no necesitan ver para creer: necesitan tocar, necesitan sentir. Y entonces se encuentran con que Algo quema.
PLAY / 1970
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| Septiembre, 1970. El hijo de Presidente muere en un accidente |
Así lo recuerda su hija Techi, que amaba a su padre como a nadie. Llora recordando a su hermano muerto en esas circunstancias y dice que no sabe si fue un accidente o no, pero “si algo había (que pudiese destruir al Presidente) era eso, su familia”.
Casi tres décadas más tarde, un domingo de 2008, la familia Ovando fue de paseo al lago Titicaca. Terminado el almuerzo, los padres decidieron llevar a los hijos a la isla Suriqui sin mayor explicación. Ya en el lugar, desempolvaron la historia, prendieron velas, pusieron flores, rezaron. ¿Qué pasó?, ¿cómo murió?, ¿es cierto que no fue un accidente?
Eso dijeron ese septiembre de 1970 pero el General no quiso averiguar y la familia tampoco. La muerte del tío Marcelo fue para ellos un “accidente”. Había allí un dolor y probablemente algún secreto. Todas las familias guardan secretos. Y todos los hijos curiosos los buscan. Algunos, encuentran. Mauricio abrió una puerta y se encontró con que ese personaje lo llevaba inevitablemente a otro, inmenso y hasta entonces intocable: su abuelo.
¿Qué pasó aquellos meses de 1970?
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| René Barrientos y Alfredo Ovando, gemelos políticos. |
La efervescencia del marxismo revolucionario (de inspiración castrista y madrina soviética) llegó con fuerza a América Latina, así como la corriente contraria (de adinerado padrino Tío Sam y primos con complejo de policías del mundo), espantada ante la posibilidad de que el virus comunista se extendiera. Izquierda vs. derecha; comunismo vs. capitalismo. Proletarios, obreros, mineros y universitarios frente a oligarcas, patrones y los padres guardianes de la Patria, los militares. El mundo en rojo y negro.
El general Alfredo Ovando había llegado a la cima de esa ola como un gran surfista. No era pues ningún improvisado.
Vale aquí un buen paréntesis necesario (que si gustan, como con cualquier película a la carta de hoy en día, adelantan y se lo saltan)
REWIND / LA SILLA DEL GENERAL
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| Esla Omiste de Ovando, Primera Dama de la Nación |
Alfredo Ovando y René Barrientos tienen las vidas atadas. No es posible hablar del uno sin mencionar al otro. Y ese es quizá el hallazgo más sensible de su nieto Mauricio.
Su historia es la de una camada de cachorros afilados en la Guerra del Chaco y graduados en la Revolución de 1952.
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| El nieto del Presidente |
Tres meses duró el matrimonio democrático de Paz Estensoro - Barrientos hasta que el 4 de noviembre de 1964 el propio Barrientos tumbó a Paz Estensoro. Se quebró así lo que parecía ser una maratón de 18 años ininterrumpidos -desde 1946, luego de la Guerra del Chaco- rumbo a la verdadera refundación nacional de base social revolucionaria, bajo el liderazgo del poder civil que condujo triunfalmente a la Revolución de 1952 y vivió la euforia popular precisamente hasta 1964 cuando Paz Estensoro hizo posible el retorno de los militares al poder.
Se interrumpió el liderazgo civil pero no el idilio popular (ni aún el proceso revolucionario). Porque Barrientos no sólo heredó el vínculo campesino de la reforma agraria sino que fue más allá: creó el Pacto Militar Campesino, una obra maestra que en buena medida hizo posible el sostén de las Fuerzas Armadas en el gobierno hasta fines de los años 70.
PLAY / ÁNGELES Y DEMONIOS
Barrientos y Ovando estaban estrechamente unidos y, en verdad, compartían liderazgo no solo dentro de las Fuerzas Armadas sino fuera de ellas. Tanto así que luego del golpe de 1964, la Junta Militar liderada por Barrientos, pronto se convirtió en co-presidencia: Barrientos-Ovando. Dos años más tarde, convocadas las elecciones, Barrientos fue elegido presidente constitucional. Ovando volvió a su lugar como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. (Elsa dirá, exultante, que su esposo fue ¡18 años comandante de las Fuerzas Armadas!)
Barrientos tenía a buena parte del pueblo campesino literalmente a sus pies. No así a los mineros. Cuatro meses después de iniciado su gobierno, el Pacto Militar Campesino en marcha, un hombre llamado Adolfo Mena Gonzáles, ingresaba al país. Era noviembre de 1966 y ese hombre era Ernesto Guevara, el Che.
Entre marzo y octubre de 1967 el guerrillero argentino y sus hombres enfrentaron al ejército boliviano que precisamente se había preparado para tal eventualidad en la Escuela de las Américas de Panamá siguiendo la doctrina de la seguridad nacional que construyó al enemigo interno que el Che se encargó de encarnar. Dos piezas de un mismo rompecabezas.
En completa desventaja, los guerrilleros fueron derrotados. El Che apresado, fue ejecutado por orden del Alto Mando Militar en octubre de 1967. Era Presidente el general René Barrientos, era Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas el general Alfredo Ovando, y era Jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Juan José Tórrez. (Elsa dirá que los edecanes de su marido le contaron que en el Alto Mando hubo votación y que el general Ovando eligió no asesinar al guerrillero pues si así sucedía, lo convertirían en “Dios”)
Y así fue. Ese muerto que se haría universal, pesó demasiado en el horizonte del gobierno militar. Las consecuencias fueron enormes y uno diría –incluso, y siguiendo este guión– que las pagó Ovando.
Pero antes murió Barrientos. Se dice que piloteaba un helicóptero que se enredó en un cable de alta tensión, cayó y se incendió. Se oyeron disparos. Era abril de 1969. Amante de Barrientos como era, el pueblo apuntó a Ovando como responsable. Y más aún, pues Ovando arrastraba ya a los mineros muertos en la masacre de San Juan, sucedida en plena guerrilla del Che (acusados los mineros de apoyar al guerrillero), en junio de 1967, cuando Barrientos aún vivía y era el Presidente, pero él, su gemelo político, era el eterno Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.
Tras la muerte de Barrientos asumió el vicepresidente Luis Adolfo Siles Salinas pero duró poco. Ovando golpeó e instaló un gobierno rodeado de jóvenes intelectuales dispuestos a terminar lo iniciado en la gloriosa revolución de Abril.
Pero los ánimos estaban caldeados. Demasiadas cosas habían sucedido en pocos meses. La muerte el Che estaba fresca así como la masacre de San Juan. El legado guevarista atizó aún más los ánimos de una juventud rebelde y combativa afectada igualmente por el contexto político mundial de Mayo del 68 y las revueltas universitarias sucedidas en varios lugares del mundo. En abril de 1970, jóvenes universitarios de tendencia marxista radical tomaron la Universidad Mayor de San Andrés. Fueron desalojados por militantes falangistas y una pandilla llamada Los Marqueses que habría sido alentada por un militar de nombre Luis Arce Gómez, estrechamente vinculado a Ovando.
Tres meses más tarde, julio de 1970, un grupo de 75 universitarios se hicieron pasar por alfabetizadores de aquella encomiable campaña del entonces ya instalado gobierno de Ovando e intentaron una nueva guerrilla en Teoponte. Fue un desastre. Murieron de hambre, murieron de utopía, murieron a balazos.
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Mauricio Ovando de la Quintana.
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Para él sí, ahora de rodillas llorando la muerte de su hijo, también universitario en los Estados Unidos, de visita a su padre Presidente, de paseo en avioneta por el lago Titicaca.
Ese fue, efectivamente, el fin del presidente Alfredo Ovando Candia. Semanas después, el 6 de octubre de 1970 renunció. Vivió en España en una suerte de autoexilio emocional. Y el 24 de enero de 1982 murió en La Paz.
STOP / PONER EL CUERPO
Corre cinta. El padre y el hijo, ambos cineastas, intentan proyectar las cintas del inmenso archivo familiar donde el abuelo Alfredo aparece a veces en la piscina, en traje de baño, e inmediatamente después, en la misma cinta, con uniforme y en un acto oficial. Las cintas son viejas, se queman ante sus ojos, ante la cámara que ahora filma Algo quema. Padre e hijo intentan reconstruir esa historia y quizás sea más bien el padre, Alfredo Ovando Omiste –Bis para la comunidad de cineastas que lo aprecia enormemente– quien en ese gesto generoso que abre sus archivos y su vida misma a su hijo, sea quien verdaderamente entierre así a su padre, gracias a su hijo.
Si el nuevo cine latinoamericano –del que Bis es pupilo y maestro– tomó la cámara como instrumento de lucha, de denuncia social, y se puso al lado de los más desprotegidos para mirarlos desde afuera intentando con toda el alma sentirlos desde adentro, sus hijos ya no.
Para ellos no hay verdades absolutas. Y el mundo de los 70 era uno de verdades absolutas y de imágenes como verdades irrefutables. Por eso Algo quema es un collage y no un rompecabezas. Es asumir la imagen como materia prima con la que cada quien construye su propia historia. Así, Algo quema pone en duda la construcción de la imagen de un personaje (su abuelo) desde sí mismo, desde aquel gobierno, desde su familia. El cineasta selecciona, recorta, fragmenta, arma, cuenta.
Se aleja del cine militante que tenía a la verdad como bandera –dice él– y comete la misma paradoja que con su abuelo: quiere alejarse del cine de Jorge Sanjinés aproximándose a La Nación Clandestina, que en sus 5 minutos iniciales echa en cara los nombres de los asesinos de los mineros de la noche de San Juan: Barrientos, Ovando. Se acerca, se quema, y en vez de sacar el cuerpo se mete entero. Se inmola.
“Poner tu cuerpo es lo más político que puedes hacer”, dice él, que entiende que la política y el arte no están lejos y que la cámara apuntando hacia sí mismo implica una exposición consciente, buscada, que implica a su vez asumir una responsabilidad propia: “No es que yo me cargue la responsabilidad de lo que ha hecho mi abuelo pero sí me puedo hacer responsable de cómo miro yo la historia y cómo la acepto o enfrento”. Por eso el final no tira el collage al aire: lo aterriza, lo ancla. Vomita. Y cura.
La abuela Elsa dice: “me he quitado un peso de encima”. Mauricio dice: “me siento liberado sobre todo de esta cosa, me siento bien de no haberme hecho al de la vista gorda, o de haberme hecho yo mismo una imagen intocable e infalible de mi abuelo. Me siento bien de haber puesto en duda la historia, de cuestionar a mi familia con respeto. Creo que cuestionar siempre va a estar bien. Obviamente hay modos y modos. Cuestionar con inteligencia la historia me hace sentir responsable”.
Algo quema se estrena el 8 de septiembreen la Cinemateca Boliviana.
Luisito en el Salar de Uyuni
El reconocido youtuber Luisito Comunica estuvo en el Salar de Uyuni y muestra las maravillas de este lugar asi como las famosas fumarolas, la laguna colorada, para saber sobre destinos turisticos de Bolivia se puede ver el siguiente enlace
www.pinterest.com/Bolivia
Para saber mas se puede ver el video
Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=i20lZmhd3uY
www.pinterest.com/Bolivia
Para saber mas se puede ver el video
Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=i20lZmhd3uY
Bolivianos buscados por la Interpol
La página de la Interpol o policia internacional tiene una lista de personas de origen boliviano que son buscadas porque cometieron crimenes, se incluye a bolivianos que viven el el exterior, la lista puede accesarse a través de este link
http://evassmat.com/CPyx
http://evassmat.com/CPyx
Personas perdidas buscadas por la Interpol
La página de la Interpol o policia internacional tiene una lista de personas de origen boliviano que son buscadas porque desaparecierón en algun momento, se incluye a bolivianos que viven el el exterior, la lista puede accesarse a través de este link
http://evassmat.com/B5Rg
http://evassmat.com/B5Rg
Se revela que parlamentarios bolivianos recibieron coimas para firmar el Tratado de 1904
Washington, 19 de octubre, (Guido Peredo para Urgentebo).–
Coimas, insultos y amagos de irse a los puños caracterizaron los debates previos a la aprobación y la firma del acuerdo de 1884 y del Tratado de Paz de 1904, entre Bolivia Chile, documentos que determinaron el enclaustramiento marítimo boliviano. Según cuatro cartas dirigidas a su partido el 7, 8, 9 y el 13 de febrero de 1905 (Partido, Liberal Independiente) y enviadas por el diputado cochabambino (Sacaba), Natalio Araujo; “la mayoría Montista decidió, después de recibir coimas, vender el Litoral a Chile”.
Las notas epistolares a las que accedió el portal Urgentebo en la biblioteca del senado de Estados Unidos en Washington ponen en evidencia el entreguismo de ciertos parlamentarios bolivianos para perjuicio del país.
En la primera nota con fecha 7 de febrero de 1905, el diputado Araujo asegura que “días previos a la aprobación del Tratado de Paz del 20 de octubre 1904, aprobado por cierta mayoría, y que tenía casi la misma base del acuerdo de paz de 1884, “había unidad para desaprobarlo, pero Montes (entonces Presidente de Bolivia) llamó a reuniones secretas y a puertas cerradas a sus correligionarios”.
Araujo dice que en varias ocasiones los increpa y cuestiona “¿Por qué se reúnen los liberales a espaldas del pueblo y no en el pleno de legislativo? “Pero el propio Montes se rió en mi cara en dos ocasiones”, describe el cochabambino. Al final, el parlamentario de Sacaba concluye que “El Tratado de 1904 fue una transferencia de venta a Chile”
Ciudadanos nada ilustres
En los primeros días de febrero de 1904, los pobladores de Sacaba (Cochabamba) y también en Oruro, La Paz y Potosí, salieron a la calles para dar un “voto de apoyo y de honor” a la labor del Araujo y a Daniel Salamanca. Además a los Benianos Pablo Roca e Ignacio Cortez “Nos enfrentábamos en sendos debates, contra Macario Pinilla, Félix Camacho y con el fundador de El Diario, José Carrasco; quien estaba a la vanguardia de quienes vendieron el Litoral, dice Araujo.
Dice el diputado cochabambino que: “Este ultimo (Carrasco) insistía en la necesidad de terminar con el conflicto y mirar para adelante, para evitar que el ‘Dogal’ impuesto por la virulencia del gobierno chileno, afecte a sus amigos”.
En la página 6 de su segunda carta del 8 de febrero dice: “José Carrasco creía que Chile perjudicará a sus amigos, los empresarios mineros, y por ello en las sesiones reservadas, argumentaba de que todo debía ser firmado sin cuestionar”. Estas declaraciones desataron la ira y furia del honorable Tomás O’connor D’arlach, patriota que casi se va a los puños contra Carrasco y Alberto Diez de Medina”, describe Araujo.
En la tercera carta (9 de febrero del 1905 enviada a su partido) Araujo expresa su ira contra sus colegas que apoyan la firma del Tratado de Paz y Amistad y cuyo aniversario 114 se cumple este sábado 20 de octubre.
“El tratado es una ignominia, muchos de los firmantes han recibido plata sucia en esas reuniones privadas: este tratado que deberá ser lavado con sangre boliviana y peruana. “Los liberales del montismo, senadores y diputados se alistan para salir del país hacia Europa y con ellos las 200 carretas llenas de mineral, seguirán saliendo, pero ahora con la venia de Chile”, remarca Araujo.
“Los debates para firmar el acuerdo de paz, duraron ocho días, pero las sesiones eran siempre interrumpidas por la presencia de los empresarios mineros que deseaban un ferrocarril para sus minas”, dice en un párrafo.
En la página 21 de la segunda carta, Araujo sostiene que los representantes de Beni y Santa Cruz, se comportaron patrióticamente, Pablo E. Roca, y Pedro Ignacio Cortez. Roca y Cortez insultaban a Carrasco y a los Pinilla siempre, remarca el diputado.
Libras esterlinas y el Dogal
Las cartas del diputado Araujo dejan ver que, en realidad, Chile pagó una coima millonaria a los liberales (170 mil libras esterlinas) por nuestros territorios. “Las sesiones secretas de octubre del 1904, fueron el escenario donde el Montismo analizó un documento enviado por Chile, un protocolo adicional (fechado el 20 de octubre la misma fecha donde se firma el tratado).
“El protocolo en cuestión fue rechazado de inmediato, casi unánimemente y el trabajo del plenipotenciario boliviano, Alberto Gutiérrez, era enviar la nota diplomática a Chile, haciéndoles saber que Bolivia no firmaría nada”, pero nada de eso sucedió, dice Araujo en otro pasaje de su carta número 2.
El tenor de este protocolo, en su punto central, sostiene:
1.- Bolivia consecuente con el Tratado se obliga a coadyuvar con toda su influencia a que el plebiscito a realizarse cumpla con el Tratado de Ancon y que Chile debe quedarse con Tacna.
2.-Que Chile, en cambio, se obliga a prestar a Bolivia, toda su influencia en su relaciones con los vecinos.
En la página 12 y 13 (de la cuarta carta) Araujo dice “que gracias Gutiérrez, Montes, Arce, Aramayo, a José Carrasco, y a Diez de Medina, Bolivia cedió todo a cambio de nada”.
Por razones inexplicables, consta en la historiográfica boliviana, Alberto Gutiérrez, extendió las sesiones para analizar el protocolo (escrito y enviado desde Chile) por más de 3 días, y aunque el pleno de las cámaras insistió en mandar una respuesta contundente e inmediata, negando el tenor de la misma, Gutiérrez firmó el protocolo, y lo envía a Chile y luego firma su renuncia, pero luego pasa a la historia, como “un patriota”.
Las cartas describen, que “en los días previos a la firma del tratado, las ciudades de Potosí, Oruro y La paz fueron colmadas por manifestaciones en contra del gobierno y empezó así una cacería mortal contra quienes se opusieron a la firma del acuerdo.
Así, a decir del diputado Araujo, los acuerdos de paz, el protocolo secreto y finalmente el tratado de paz, de 20 de octubre de 1904, tienen coincidencias llevan las rubricas de quienes se han beneficiado económicamente con la venta del Litoral boliviano.
Aniceto Arce, hoy venerado en Tarija, Gregorio Pacheco, personaje de Sucre, e Ismael Montes, Jose Carrasco, (fundador del El Diario), Narciso Campero, los Pinillas y Díez de Medina, (con monumentos en La Paz) han sido los benefactores directos de estos acuerdos.
Según Araujo, en Cochabamba, había inclaudicables patriotas como Daniel Salamanca, y su persona; muy al contrario del cochabambino, Ladislao Cabrera, y/o Fidel Araníbar, entonces Ministro de Hacienda; quienes, en 1884 aplaudieron el acuerdo de Paz y Amistad, cuyas condiciones fueron impuestas por Chile.
Fusilamiento de Los Colorados
Un dato que llama la atención en estas notas es el triste final de soldados que combatieron en la Guerra del Pacífico por Bolivia. Señala que en medio de las manifestaciones en contra de la firma del tratado, los Colorados de Bolivia reclamaban el pago de sus pensiones. Y que Ladislao Cabrera se oponía a esa protesta.
El Ministro Araníbar insistía en que no había recursos para los excombatientes, y sugirió a Cabrera acabar con los insubordinados para que las aguas no lleguen al río. Y así fue: los Colorados fueron fusilados por órdenes del Montismo; mientras las 170 mil libras esterlinas, que el gobierno chileno, admitió haber pagado, a los gobiernos liberales desaparecieron de las arcas nacionales.
Apellidos de los firmantes
Tanto las sesiones para aprobar el acuerdo de paz (8 de mayo de 1884) como la del Tratado de Límites del 20 de octubre de 1920, fueron escandalosas, llenas de graves incidentes y de bochorno nacional.
La minoría que rechazaba los acuerdos, fue acallada, no por fusil chileno, sino por los gobiernos de Campero, Aniceto Arce, Gregorio Pacheco y en el de Ismael Montes.
Firmantes del Tratado de Paz
Senadores Liberales:
Enrique Collazos
Flavio López
José Félix Camacho
José Carrasco
Macario Pinilla
Diputados Liberales:
Adelio del Castillo
Alberto Diez de Medina
Aurelio Gamarra
Ángel Navia
Antonio Marco
Arturo Molina Campero
Alfredo Prieto
Abigail Sanjinés
Benedicto Goytia
Carlos Flores Quintela
Claudio Quintín Barrios
Oscar M. Chávez
Casto Rojas
Constantino Morales
Ezequiel Salguero
Facundo Flores
Isaias Morales
Jorge Galindo
Jose Santos Quinteros
Julio Zamora
Jose María Suarez
Jorge Pando
Luis Salinas Vega
Luis Serruto Vargas
Luis F. Jemio
Macario Escobari
Maximiliano Justiniano
Manuel E. Vergara
Moisés Ascarrunz
Nicolás Burgoa
Quintín Rubin de Celis
Rosendo Villalobos
Rafael Bethin (hijo)
Rómulo Herrera
Rigoberto Paredes
Sabino Pinilla
//
Fuente: www.urgentebo.com
Coimas, insultos y amagos de irse a los puños caracterizaron los debates previos a la aprobación y la firma del acuerdo de 1884 y del Tratado de Paz de 1904, entre Bolivia Chile, documentos que determinaron el enclaustramiento marítimo boliviano. Según cuatro cartas dirigidas a su partido el 7, 8, 9 y el 13 de febrero de 1905 (Partido, Liberal Independiente) y enviadas por el diputado cochabambino (Sacaba), Natalio Araujo; “la mayoría Montista decidió, después de recibir coimas, vender el Litoral a Chile”.
Las notas epistolares a las que accedió el portal Urgentebo en la biblioteca del senado de Estados Unidos en Washington ponen en evidencia el entreguismo de ciertos parlamentarios bolivianos para perjuicio del país.
En la primera nota con fecha 7 de febrero de 1905, el diputado Araujo asegura que “días previos a la aprobación del Tratado de Paz del 20 de octubre 1904, aprobado por cierta mayoría, y que tenía casi la misma base del acuerdo de paz de 1884, “había unidad para desaprobarlo, pero Montes (entonces Presidente de Bolivia) llamó a reuniones secretas y a puertas cerradas a sus correligionarios”.
Araujo dice que en varias ocasiones los increpa y cuestiona “¿Por qué se reúnen los liberales a espaldas del pueblo y no en el pleno de legislativo? “Pero el propio Montes se rió en mi cara en dos ocasiones”, describe el cochabambino. Al final, el parlamentario de Sacaba concluye que “El Tratado de 1904 fue una transferencia de venta a Chile”
Ciudadanos nada ilustres
En los primeros días de febrero de 1904, los pobladores de Sacaba (Cochabamba) y también en Oruro, La Paz y Potosí, salieron a la calles para dar un “voto de apoyo y de honor” a la labor del Araujo y a Daniel Salamanca. Además a los Benianos Pablo Roca e Ignacio Cortez “Nos enfrentábamos en sendos debates, contra Macario Pinilla, Félix Camacho y con el fundador de El Diario, José Carrasco; quien estaba a la vanguardia de quienes vendieron el Litoral, dice Araujo.
Dice el diputado cochabambino que: “Este ultimo (Carrasco) insistía en la necesidad de terminar con el conflicto y mirar para adelante, para evitar que el ‘Dogal’ impuesto por la virulencia del gobierno chileno, afecte a sus amigos”.
En la página 6 de su segunda carta del 8 de febrero dice: “José Carrasco creía que Chile perjudicará a sus amigos, los empresarios mineros, y por ello en las sesiones reservadas, argumentaba de que todo debía ser firmado sin cuestionar”. Estas declaraciones desataron la ira y furia del honorable Tomás O’connor D’arlach, patriota que casi se va a los puños contra Carrasco y Alberto Diez de Medina”, describe Araujo.
En la tercera carta (9 de febrero del 1905 enviada a su partido) Araujo expresa su ira contra sus colegas que apoyan la firma del Tratado de Paz y Amistad y cuyo aniversario 114 se cumple este sábado 20 de octubre.
“El tratado es una ignominia, muchos de los firmantes han recibido plata sucia en esas reuniones privadas: este tratado que deberá ser lavado con sangre boliviana y peruana. “Los liberales del montismo, senadores y diputados se alistan para salir del país hacia Europa y con ellos las 200 carretas llenas de mineral, seguirán saliendo, pero ahora con la venia de Chile”, remarca Araujo.
“Los debates para firmar el acuerdo de paz, duraron ocho días, pero las sesiones eran siempre interrumpidas por la presencia de los empresarios mineros que deseaban un ferrocarril para sus minas”, dice en un párrafo.
En la página 21 de la segunda carta, Araujo sostiene que los representantes de Beni y Santa Cruz, se comportaron patrióticamente, Pablo E. Roca, y Pedro Ignacio Cortez. Roca y Cortez insultaban a Carrasco y a los Pinilla siempre, remarca el diputado.
Libras esterlinas y el Dogal
Las cartas del diputado Araujo dejan ver que, en realidad, Chile pagó una coima millonaria a los liberales (170 mil libras esterlinas) por nuestros territorios. “Las sesiones secretas de octubre del 1904, fueron el escenario donde el Montismo analizó un documento enviado por Chile, un protocolo adicional (fechado el 20 de octubre la misma fecha donde se firma el tratado).
“El protocolo en cuestión fue rechazado de inmediato, casi unánimemente y el trabajo del plenipotenciario boliviano, Alberto Gutiérrez, era enviar la nota diplomática a Chile, haciéndoles saber que Bolivia no firmaría nada”, pero nada de eso sucedió, dice Araujo en otro pasaje de su carta número 2.
El tenor de este protocolo, en su punto central, sostiene:
1.- Bolivia consecuente con el Tratado se obliga a coadyuvar con toda su influencia a que el plebiscito a realizarse cumpla con el Tratado de Ancon y que Chile debe quedarse con Tacna.
2.-Que Chile, en cambio, se obliga a prestar a Bolivia, toda su influencia en su relaciones con los vecinos.
En la página 12 y 13 (de la cuarta carta) Araujo dice “que gracias Gutiérrez, Montes, Arce, Aramayo, a José Carrasco, y a Diez de Medina, Bolivia cedió todo a cambio de nada”.
Por razones inexplicables, consta en la historiográfica boliviana, Alberto Gutiérrez, extendió las sesiones para analizar el protocolo (escrito y enviado desde Chile) por más de 3 días, y aunque el pleno de las cámaras insistió en mandar una respuesta contundente e inmediata, negando el tenor de la misma, Gutiérrez firmó el protocolo, y lo envía a Chile y luego firma su renuncia, pero luego pasa a la historia, como “un patriota”.
Las cartas describen, que “en los días previos a la firma del tratado, las ciudades de Potosí, Oruro y La paz fueron colmadas por manifestaciones en contra del gobierno y empezó así una cacería mortal contra quienes se opusieron a la firma del acuerdo.
Así, a decir del diputado Araujo, los acuerdos de paz, el protocolo secreto y finalmente el tratado de paz, de 20 de octubre de 1904, tienen coincidencias llevan las rubricas de quienes se han beneficiado económicamente con la venta del Litoral boliviano.
Aniceto Arce, hoy venerado en Tarija, Gregorio Pacheco, personaje de Sucre, e Ismael Montes, Jose Carrasco, (fundador del El Diario), Narciso Campero, los Pinillas y Díez de Medina, (con monumentos en La Paz) han sido los benefactores directos de estos acuerdos.
Según Araujo, en Cochabamba, había inclaudicables patriotas como Daniel Salamanca, y su persona; muy al contrario del cochabambino, Ladislao Cabrera, y/o Fidel Araníbar, entonces Ministro de Hacienda; quienes, en 1884 aplaudieron el acuerdo de Paz y Amistad, cuyas condiciones fueron impuestas por Chile.
Fusilamiento de Los Colorados
Un dato que llama la atención en estas notas es el triste final de soldados que combatieron en la Guerra del Pacífico por Bolivia. Señala que en medio de las manifestaciones en contra de la firma del tratado, los Colorados de Bolivia reclamaban el pago de sus pensiones. Y que Ladislao Cabrera se oponía a esa protesta.
El Ministro Araníbar insistía en que no había recursos para los excombatientes, y sugirió a Cabrera acabar con los insubordinados para que las aguas no lleguen al río. Y así fue: los Colorados fueron fusilados por órdenes del Montismo; mientras las 170 mil libras esterlinas, que el gobierno chileno, admitió haber pagado, a los gobiernos liberales desaparecieron de las arcas nacionales.
Apellidos de los firmantes
Tanto las sesiones para aprobar el acuerdo de paz (8 de mayo de 1884) como la del Tratado de Límites del 20 de octubre de 1920, fueron escandalosas, llenas de graves incidentes y de bochorno nacional.
La minoría que rechazaba los acuerdos, fue acallada, no por fusil chileno, sino por los gobiernos de Campero, Aniceto Arce, Gregorio Pacheco y en el de Ismael Montes.
Firmantes del Tratado de Paz
Senadores Liberales:
Enrique Collazos
Flavio López
José Félix Camacho
José Carrasco
Macario Pinilla
Diputados Liberales:
Adelio del Castillo
Alberto Diez de Medina
Aurelio Gamarra
Ángel Navia
Antonio Marco
Arturo Molina Campero
Alfredo Prieto
Abigail Sanjinés
Benedicto Goytia
Carlos Flores Quintela
Claudio Quintín Barrios
Oscar M. Chávez
Casto Rojas
Constantino Morales
Ezequiel Salguero
Facundo Flores
Isaias Morales
Jorge Galindo
Jose Santos Quinteros
Julio Zamora
Jose María Suarez
Jorge Pando
Luis Salinas Vega
Luis Serruto Vargas
Luis F. Jemio
Macario Escobari
Maximiliano Justiniano
Manuel E. Vergara
Moisés Ascarrunz
Nicolás Burgoa
Quintín Rubin de Celis
Rosendo Villalobos
Rafael Bethin (hijo)
Rómulo Herrera
Rigoberto Paredes
Sabino Pinilla
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Fuente: www.urgentebo.com
El carnaval en Bolivia
El carnaval en Bolivia es diverso y tiene todos los estilos y para todos los gustos, desde carros alegoricos, hasta carnavales con bailes tipicos del lugar, siendo el carnaval de Oruro el segundo carnaval mas conocido de Bolvia
La anaconda verde
La anaconda verde o común, es una serpiente constrictora de la familia de las boas, endémica de los ríos del trópico de Sudamérica. De todas las serpientes esta es la de mayor peso. Habita en la amazonia boliviana.
Para saber mas puede accesar
https://es.wikipedia.org/wiki/Eunectes_murinus
Para saber mas puede accesar
https://es.wikipedia.org/wiki/Eunectes_murinus
Caricaturas de Walt Disney en territorio boliviano
Walt Disney realizó una expedición en Bolivia en 1941
Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=a2r3RgxA7AM
A través de América - Tour Walt Disney Bolivia: Vistas de los techos de las casas. Vistas generales de un mercado comunitario al aire libre, donde se observan vestidos, ropa y sombreros tejidos con lana de vicuña. Vistas generales de un grupo de aldeanos saliendo de misa en Tisa. Primeros planos de un rebaño de Llamas. Vistas generales de pobladores arando campo con bueyes. Vistas generales del Lago Titicaca, y de un grupo de los artistas de Walt Disney cruzando de orilla a orilla en el bote Mancheco. Vistas generales de canoas de juncos cerca de la orilla. Vistas generales de pobladores esperando en una estación del ferrocarril, cerca de Puno. Primeros planos de un tren detenido en la estación. Primeros planos de burros llevando sobre sus lomos tambores de leche. Vistas generales de la gente comprando y caminando por un mercado comunitario al aire libre. Fecha: 1943 Duración: 4 minutos 47 segundos Código del film: F-00454
https://www.youtube.com/watch?v=neCGG23u7nM
Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=a2r3RgxA7AM
A través de América - Tour Walt Disney Bolivia: Vistas de los techos de las casas. Vistas generales de un mercado comunitario al aire libre, donde se observan vestidos, ropa y sombreros tejidos con lana de vicuña. Vistas generales de un grupo de aldeanos saliendo de misa en Tisa. Primeros planos de un rebaño de Llamas. Vistas generales de pobladores arando campo con bueyes. Vistas generales del Lago Titicaca, y de un grupo de los artistas de Walt Disney cruzando de orilla a orilla en el bote Mancheco. Vistas generales de canoas de juncos cerca de la orilla. Vistas generales de pobladores esperando en una estación del ferrocarril, cerca de Puno. Primeros planos de un tren detenido en la estación. Primeros planos de burros llevando sobre sus lomos tambores de leche. Vistas generales de la gente comprando y caminando por un mercado comunitario al aire libre. Fecha: 1943 Duración: 4 minutos 47 segundos Código del film: F-00454
https://www.youtube.com/watch?v=neCGG23u7nM
El yacaré común
El yacaré común es también conocido como yacaré negro y tiene el nombre científico de Caimán Yacaré. Es un descendiente de los antiguos dinosaurios que habita los ríos, esteros y lagunas del centro de Sudamérica. Es común hallarlos en la región oriental de Bolivia.
Para saber mas puede accesar
https://es.wikipedia.org/wiki/Caiman_yacare
Para saber mas puede accesar
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Las cuatro estaciones del partido de Carlos Palenque
Nota de prensa que salio publicada en el periodico Página Siete el día 30 de Septiembre de 2018 en la revista rasca Cielos
Entre 1988 y 1997, Conciencia de Patria (Condepa) vivió con sobresaltos. El partido nacido de “La Tribuna Libre del Pueblo” vivió cuatro fases encarnadas en igual número de personalidades: Reynaldo Venegas, Andrés Soliz Rada, Julio Mantilla y Ricardo Paz Ballivián. Acá, una crónica tardía de ese recorrido.
Rafael Archondo
Caravana
En la madrugada del miércoles 21 de septiembre de 1988, decenas de personas se aglomeraron en las cercanías de aquella vieja casona construida sobre la calle Bolívar, a solo dos cuadras por encima de la plaza Murillo. Ninguna novedad. El lugar solía estar colmado, sobre todo desde junio de ese año, cuando el gobierno anunció la clausura, por un año, de Radio y Televisión Popular (RTP), la emisora y el canal, donde Carlos Palenque Avilés irrumpió en la vida pública de la capital.
El cielo, aún perforado de estrellas, cubría con su frazada oscura la ciudad adormecida. Los conductores de camionetas y buses, estacionados en hilera, negociaban con los asistentes un asiento para el viaje en ciernes. Muchos de ellos, los más fanáticos, habían pernoctado allí para asegurarse un lugar en el acontecimiento tan perifoneado.
FOTOS VERÓNICA PALENQUE
De pronto, desde uno de los motorizados salió el grito ansiado: “¿Quiénes quieren ir en ésta?...”. Logré subirme sigilosamente en la parte de atrás, ayudado por mi credencial de periodista. Dio la casualidad de que en la cabina esperaba ya la Comadre Remedios y su mamá, todo un privilegio para sus apiñados acompañantes. Una caravana de 13 vehículos partía en dirección a Tiwanacu, el mítico poblado de tantos rituales andinos.
Al pasar por una suerte de mirador natural a un costado de la carretera, la travesía hizo un paréntesis religioso. Palenque ya estaba ahí, participando de una ceremonia alumbrada por los primeros destellos del amanecer. Me acerqué lo más que pude para verlo. Remedios, nuestra pequeña copiloto, se abrió espacio a un costado del abrigado caudillo. Los braseros humeantes circulaban entre los seguidores del nuevo partido político, aymaras en su inmensa mayoría.
Al llegar a Tiwanacu, el día ya estaba instalado sobre su brillo inicial. No accedimos al templete de la zona arqueológica. Un grupo aguerrido de indianistas estaba ahí para impedir el uso del perímetro lleno de simbolismos. Al grito de “¡Muera Palenque!”, esperaban atrincherados en los ingresos.
Los nuevos dirigentes de Conciencia de Patria (Condepa) fueron entrando uno por uno, casi en desfile clandestino, a una casa situada en la plaza principal, desde cuyo balcón fue leído un documento de 21 puntos. Tres hombres se encargaron de los discursos, usando un afónico megáfono fijado a la fachada con un gordo nudo de alambres: Reynaldo Venegas, diputado del MNR por el departamento de Oruro, Genaro Torres, presidente del Comité de Defensa de RTP y el propio Palenque, siempre al centro, con una bufanda a cuadros. Una bandera boliviana cubría como falda el rústico balcón de aquel inmueble descolorido. Al medio, prendido por tachuelas, el único afiche del movimiento, la foto en blanco y negro de Carlos y Mónica, la pareja líder, sonrientes.
A las 11 de la mañana, la caravana de buses y camionetas empezó el lento retorno a La Paz. Un nuevo partido iniciaba su andadura hacia las elecciones presidenciales de 1989. Le esperaba un sorpresivo cuarto lugar, con un 12% de los votos y una abultada victoria en el departamento de La Paz.
Estallido
Una orden emanada de la Corte de Distrito había interrumpido la clausura de los medios palenquistas por casi tres meses. La ratificación del silenciamiento por parte de la Corte Suprema en Sucre, fue notificada a la prensa el jueves 3 de noviembre de aquel 1988. Era una agonía judicial en dos tiempos.
La noticia detonó una explosión popular pocas veces vista. Miles de sindicatos de estandarte tricolor e indignadas mujeres de pollera llenaron con sus gritos y sollozos la plaza San Francisco la tarde del martes 8 de noviembre, día en el que RTP volvía a apagar sus equipos. La plaza hervía de furia. Un grito incesante se fue expandiendo entre la muchedumbre: “¡Condepa, Condepa, Condepa al poder!”. De manera instintiva, la gente blandía el puño y Palenque iniciaba su vida política con una plaza erizada. Ahí y no tanto el 21 de septiembre, se acunaba el huracán que abarcaría una década de cuantiosas cosechas electorales.

El 4 de mayo del año siguiente, San Francisco volvería a quedar a tope. Condepa cerraba campaña, Palenque vestía de poncho, el color del partido era el café de la tierra, la plancha de dirigentes ya estaba llena y la cantidad de aymaras que secundaban al Compadre aquella madrugada del 21 de septiembre en Tiwanacu, se había diluido considerablemente. El partido había sido “capturado” por rostros conocidos, políticos de diverso origen, profesionales del quehacer parlamentario. Acá retratamos a cuatro de ellos.
ILUSTRACIÓN SERGIO SALAZAR / DGR-UCB Rivales
La toma de Condepa empezó dos meses antes del Manifiesto de 21 puntos. Producida la clausura de RTP, Reynaldo Venegas, hoy ya fallecido, fue el único diputado que usó su curul para protestar por la decisión de su partido de clausurar los dos medios de comunicación. El orureño, ducho en leyes, logró colocarse estratégicamente al lado del exfolklorista y conductor de programas a la hora de redactar memoriales y apelaciones. Venegas logró que la Corte de Distrito de La Paz resolviera la reposición de las emisiones el 8 de agosto.
Convencido de que el movimiento derivaría muy pronto en una sigla partidaria, Venegas atrajo tras de sí al grupo Bolivia, un cenáculo de políticos de orientación nacionalista, muchos de ellos con una clara inclinación conservadora. Ahí figuraba Jorge Escobari Cusicanqui, quien a sus 62 años, se decidía por la vida partidaria tras haber sido canciller del fugaz gobierno del general David Padilla Arancibia en un año clave para cualquier diplomático: el primer centenario de la pérdida del Litoral.
El 8 de octubre de ese 1988 fundacional, Venegas declaraba que el naciente partido no estaba “ni con la izquierda extremista y alienante ni con la derecha dependiente, sino con el verdadero nacionalismo revolucionario”. Venegas se había distanciado del MNR que lo llevó a la cámara baja, porque lo consideraba un partido que, de la mano de Sánchez de Lozada, había arriado las banderas de abril de 1952. Su obsesión en el Congreso era el proyecto poli-metalúrgico Bolívar, un ingenio industrial soñado por ingenieros patriotas.
Aquel fin de año de 1988 fue clave para operar la toma de la dirección partidaria. Los medios estaban clausurados. Aunque Palenque fue acogido por radio Méndez primero y por radio Continental más tarde, la movilización social fue declinando y el asedio del gobierno se hizo cada vez más severo. Las labores del partido, como recolectar 27 mil firmas para lograr su personería jurídica, organizar visitas que mantuvieran el nexo con la gente, buscar alguna llegada a otros departamentos, fueron mejorando las condiciones para el desembarco de los nuevos dirigentes. Defender RTP requería de cualidadesdiferentes que las usadas para redactar proclamas o proponer un plan de gobierno.
Dos fracciones avanzaban en busca del núcleo del movimiento: el grupo Bolivia y el grupo Octubre. Los primeros, los amigos de Venegas, el número dos del naciente partido; los segundos, los impulsores de la izquierda nacional, dirigidos por el periodista y abogado Andrés Soliz Rada, también fallecido.
Aquel 8 de noviembre de la segunda clausura de RTP, busqué a Soliz en las puertas del edificio de la Federación de Fabriles cuando la multitud ya se dispersaba. Le dije que me interesaba entrevistarlo. Soliz no quería entrevistas, necesitaba brazos y cerebros que apuntalaran su grupo interno dentro del naciente partido. Frente a una taza de café, el hombre que acababa de dejar la dirección informativa de un canal de televisión, y mantenía cercanía con la agencia France Press, me advirtió sobre el peligro de que la derecha se apoderara de la mente y el corazón del Compadre. “A nadie le conviene que este movimiento se transforme en una derivación del fascismo”. Creo recordar esa frase casi textual. Soliz se percibía a sí mismo como una puerta de acceso para una izquierda que por entonces no se había podido recuperar del desplome de la UDP, sucedido hace solo tres años.
Cooperé con él durante dos años, primero a fondo, y luego con una creciente desconfianza por un proceso que se nublaba cada vez más con diversas y caóticas incorporaciones. El 12 de febrero de 1989, Venegas terminaba expulsado del nuevo partido. Menuda sorpresa. La ofensiva de Soliz cosechaba su primer fruto. El abogado orureño aspiraba a ocupar el primer lugar en la lista de candidatos al parlamento por el departamento de La Paz. El lugar iba a corresponder a Remedios Loza, la fiel escudera de Carlos Palenque. Venegas, un mal calculador, pensó que ir como segundo de la lista era una apuesta arriesgada. Tanto insistió en tener predominancia, que acabó fuera. Luego se arrepentiría. Los curules asegurados no fueron ni uno ni dos, sino nueve.
Reynaldo Venegas.
Ofensiva
Noviembre de 1988. Un grupo de señores se reúnen en una casa de la zona sur. Son los nuevos condepistas. Ninguno de ellos salió a manifestarse cuando en junio de ese año, la Dirección General de Telecomunicaciones (DGT) dispuso la clausura de RTP. Es más, alguno de ellos incluso firmó un documento aplaudiendo la medida. Con el paso de varios años de lealtad, aquel error pudo ser olvidado justicieramente.
Ese domingo, los congregados hacen un balance de lo logrado hasta ese momento. Dibujan un mapa mental en el que se colorean los avances de los seguidores de Venegas y de los presentes. Está claro que necesitan más incorporaciones. Dos son los convocados más citados: Ricardo Paz y Julio Mantilla, dos hombres que se trenzarían pronto en una rivalidad de larga data.
Gonzalo Ruiz Paz, hoy fallecido, quien varios años después se convertiría en esposo de la periodista Cristina Corrales, sube las escaleras del monoblock de la UMSA rumbo a la Decanatura de Ciencias Sociales. Allí lo espera un hombre robusto y emotivo. Su nombre es Julio Mantilla Cuéllar, también fallecido, y un olvidado de la historia política de Bolivia.
Mantilla comenzó su vida militante en el Partido Comunista de Bolivia (PCB), fundado en la década del 50, donde se entremezcló con la membresía campesina, dentro de lo que se consideraba a sí mismo como un partido obrero.
Esa decisión fue importante para su trayectoria. Mantilla se vio en la necesidad de explicarle a los campesinos aymaras y quechuas que la vanguardia de la revolución no eran ellos, sino los asalariados de las fábricas, las minas y los ferrocarriles. Decirles que eran “furgón de cola” de la revolución no parecía ni pertinente ni sagaz. En el periódico del PCB, Unidad, firmaba con un pseudónimo de sazón precolombina: Juanito Lupi Kala.
Andrés Solíz Rada.
Ante ese reto, desarrollado en años de dictadura, se fue dando cuenta de que entre campesinos y obreros había una conexión indestructible; todos ellos eran indígenas. Entonces fue puliendo el lazo para hacerlo fecundo.
Escarbó en la Historia del país y se encontró con los pasos del nacionalismo precursor de la Revolución de 1952. Allí detectó la alianza ansiada entre sus dos interlocutores y subrayó el nombre del ex presidente mártir, Gualberto Villarroel. Mantilla estudió el Congreso Indigenal de 1945, convocado por ese gobierno militar y conoció a Antonio Álvarez Mamani, quien presidió el cónclave.
Ahí Mantilla se convirtió en un nacionalista de matriz indígena.
Cuando su partido, el PCB, ascendió al poder en 1982, se plegó al sector salud, desde donde respaldó los comités populares de salud, que organizaron farmacias y atención médica para los más pobres.
Tras el fracaso de ese gobierno, Mantilla se replegó a la Universidad. El puente de ideas con los miembros del grupo Octubre ya estaba tendido. Gonzalo Ruiz Paz lo convenció de jurar a Condepa. No tardó nada en transformarse en una figura central. Elegido diputado en 1989, Mantilla fue el arquitecto de la simbología partidaria. Palenque se revestía de las ocurrencias mantillistas.
En 1991, Julio fue elegido alcalde de La Paz, meta que Palenque no consiguió dos años antes. Condepa gobernaba la ciudad más importante del país. Mantilla fue expulsado del partido y a raíz de ello compitió por la reelección con una sigla prestada, la del MNR. El periodista Carlos Soria Galvarro ha publicado una carta que le dirigió Mantilla en su fase más crítica. En ella, el exalcalde, fallecido en 2012, cuenta que quienes lo echaron del partido fueron Ricardo Paz Ballivián y Mónica Medina de Palenque. Esta última lo reemplazó en la silla municipal tras casi empatar con él en las urnas en 1993. “Intenté una jugada riesgosa, que hoy reconozco como mi primer error político: la alianza con el MNR”, escribe el exalcalde. “Me equivoqué y perdí”, señala más adelante.
Julio Mantilla.
En la carta, Mantilla confirma que tras su enjuiciamiento por parte de la nueva directiva municipal, su situacióneconómica se tornó catastrófica. Seis años después de su muerte en Sipe Sipe, Cochabamba, corresponde ir recuperando su obra y pensamiento.
Julio Mantilla ingresó a Condepa en diciembre de 1988. Lo hizo lo suficientemente tarde como para no encontrar espacios vacantes, pero lo suficientemente temprano como para activar la campaña electoral en puertas. Se transformó en pieza central de la irradiación discursiva.
Su primer puesto fue el de jefe departamental de La Paz. La función lo colocaba en directa relación con la gente, pero sobre todo, en fricción creativa con la mayor parte de la militancia de un partido con fuerte implantación regional. Cuando se distribuyeron las colocaciones en las listas de candidatos, Mantilla resultó fuera de la llamada “franja de seguridad”. A diferencia de Venegas, no hizo ningún reclamo. Para sorpresa de todos, el partido lograba dos senadores y nueve diputados, Mantilla entre ellos.
Toma y retoma
Para 1989, el grupo Octubre ya había ocupado gran parte del escenario. Los aymaras que lo fundaron y que organizaron el Comité de Defensa de RTP no tuvieron más remedio que desalojar los puestos de mando. La mayoría de ellos se había educado en las filas de ADN, el partido del general Banzer. Para algunos, como Genaro Torres y Mario Valda, reemplazado sorpresivamente por el recién llegado Mantilla, el partido se había llenado de “comunistas”. El 22 de abril de ese año, ambos fundaban una nueva entidad de efímera duración: Condepa nacionalista. El 3 de septiembre de 1992, con Mantilla ya ejerciendo como exitoso alcalde, el senador condepista José Taboada denunció: “Hay un entorno comunista y familiar”. El 12 de diciembre, casi confirmando tales reproches, jura al partido el dirigente fabril Daniel Santalla. Él, junto a Soliz Rada, serían los dos ex seguidores de Palenque, que casi dos décadas más adelante, se unirían al gabinete de Evo Morales.
En 1993, Ricardo Paz Ballivián, sociólogo con estudios en México, exsimpatizante del MIR antes del surgimiento de Condepa, ya había perfilado su ascenso dentro del partido de Carlos Palenque. Junto a Carlos Cordero, Paz se fue convirtiendo en un asesor cercano de la familia del caudillo. Así, mientras Mantilla invertía sus desbordantes energías en el gobierno municipal, Paz tejía influencias desde la secretaría de desarrollo social de la Corporación de Desarrollo de La Paz (Cordepaz), cuota de poder que el MIR le entregó a Condepa por haber propiciado la formación del llamado Acuerdo Patriótico, en alianza con ADN. Poco a poco, Paz fue desplazando al grupo Octubre de la órbita de las decisiones. Su discurso giraba en torno a la necesidad de una renovación generacional, de la que Mónica Medina, pero también Manfred Reyes Villa, alcalde de Cochabamba y Johnny Fernández, alcalde de Santa Cruz, estaban invitados a participar. Ricardo Paz Ballivián.
El 29 de agosto de 1993, el alcalde Mantilla anuncia que irá a la reelección “con Condepa o sin ella”. Ricardo Paz responde el 2 de septiembre que el edil no es “imprescindible”. Jorge Medina, el también fallecido padre de Mónica, la esposa de Palenque, ratifica lo dicho por Paz. El 8 de ese mismo mes, Mantilla abandona el partido y el 2 de octubre firma un acuerdo con el MNR. El impulsor del acercamiento es Guillermo Bedregal, político ansioso por ganar fuerza frente a la impronta neoliberal del ya presidente Sánchez de Lozada. La fase de Ricardo Paz en Condepa apenas comenzaba. El siguiente paso fue su postulación como diputado y la elección de Mónica como aspirante a gobernar el municipio, hecho que cristalizó el 10 de diciembre.
El reinado de Paz duró los tres años siguientes. El 10 de septiembre de 1996 sufriría el mismo trato que su rival: la expulsión. Al saber la noticia, Mónica le lanzaría a Palenque una frase memorable: “Amor, no te equivoques”. Corre el mes emblemático, aquel de Tiwanacu, y la pareja símbolo del partido está fracturada. El día 25, Condepa clausura su primer congreso nacional en el que se ratifica la vigencia de un Palenque que ya aparece ante todos como el señor que tramita su divorcio. Éste arranca formalmente el 14 de noviembre. Tres semanas antes Mónica y Ricardo Paz anuncian la creación de un nuevo partido: Bolivia Insurgente. El 6 de diciembre, los seguidores de la exalcaldesa convocan a lo que bautizan como “el Monicazo”. Varios operarios llegan a San Francisco para montar las tarimas del acto. Minutos más tarde, puñados de jóvenes comienzan a hostilizarlos. Organizados para “reventar” el encuentro, los grupos de choque multiplican los pugilatos. En cuestión de media hora, las llamas devoran los tablones de la plataforma. Bolivia Insurgente arde con ellos.
El 8 de marzo del año siguiente, un rayo cae macizo sobre la ya frágil estructura del Condepismo. Un infarto acaba con la vida de Carlos Palenque. La tragedia coincide con la confrontación entre los esposos y muchos seguidores le atribuyen el paro cardiaco a las maquinaciones que terminaron por escindir la cúpula del partido. Llegaba la hora para el retorno final de Soliz Rada, quien junto a Remedios Loza, terminaría por administrar la agonía final del partido.
Se ha dicho reiteradamente que Condepa fue el fenómeno social que precedió y aceleró la llegada del MAS al poder. Dicha afirmación es altamente convincente. Desde 1988, los paceños y alteños se indispusieron precozmente con el neoliberalismo. En tal sentido, su mudanza de Palenque a Evo no resultó descabellada. Si eso es así, de nuestros cuatro personajes descritos, el que mejor condensa ese tránsito es Andrés Soliz Rada, el hombre que estableció con su presencia el puente entre aquel inicio en Tiwanacu y la nacionalización del gas casi dos décadas después.
Entre 1988 y 1997, Conciencia de Patria (Condepa) vivió con sobresaltos. El partido nacido de “La Tribuna Libre del Pueblo” vivió cuatro fases encarnadas en igual número de personalidades: Reynaldo Venegas, Andrés Soliz Rada, Julio Mantilla y Ricardo Paz Ballivián. Acá, una crónica tardía de ese recorrido.
Rafael Archondo
Caravana
En la madrugada del miércoles 21 de septiembre de 1988, decenas de personas se aglomeraron en las cercanías de aquella vieja casona construida sobre la calle Bolívar, a solo dos cuadras por encima de la plaza Murillo. Ninguna novedad. El lugar solía estar colmado, sobre todo desde junio de ese año, cuando el gobierno anunció la clausura, por un año, de Radio y Televisión Popular (RTP), la emisora y el canal, donde Carlos Palenque Avilés irrumpió en la vida pública de la capital.
El cielo, aún perforado de estrellas, cubría con su frazada oscura la ciudad adormecida. Los conductores de camionetas y buses, estacionados en hilera, negociaban con los asistentes un asiento para el viaje en ciernes. Muchos de ellos, los más fanáticos, habían pernoctado allí para asegurarse un lugar en el acontecimiento tan perifoneado.
FOTOS VERÓNICA PALENQUE
De pronto, desde uno de los motorizados salió el grito ansiado: “¿Quiénes quieren ir en ésta?...”. Logré subirme sigilosamente en la parte de atrás, ayudado por mi credencial de periodista. Dio la casualidad de que en la cabina esperaba ya la Comadre Remedios y su mamá, todo un privilegio para sus apiñados acompañantes. Una caravana de 13 vehículos partía en dirección a Tiwanacu, el mítico poblado de tantos rituales andinos.
Al pasar por una suerte de mirador natural a un costado de la carretera, la travesía hizo un paréntesis religioso. Palenque ya estaba ahí, participando de una ceremonia alumbrada por los primeros destellos del amanecer. Me acerqué lo más que pude para verlo. Remedios, nuestra pequeña copiloto, se abrió espacio a un costado del abrigado caudillo. Los braseros humeantes circulaban entre los seguidores del nuevo partido político, aymaras en su inmensa mayoría.
Al llegar a Tiwanacu, el día ya estaba instalado sobre su brillo inicial. No accedimos al templete de la zona arqueológica. Un grupo aguerrido de indianistas estaba ahí para impedir el uso del perímetro lleno de simbolismos. Al grito de “¡Muera Palenque!”, esperaban atrincherados en los ingresos.
Los nuevos dirigentes de Conciencia de Patria (Condepa) fueron entrando uno por uno, casi en desfile clandestino, a una casa situada en la plaza principal, desde cuyo balcón fue leído un documento de 21 puntos. Tres hombres se encargaron de los discursos, usando un afónico megáfono fijado a la fachada con un gordo nudo de alambres: Reynaldo Venegas, diputado del MNR por el departamento de Oruro, Genaro Torres, presidente del Comité de Defensa de RTP y el propio Palenque, siempre al centro, con una bufanda a cuadros. Una bandera boliviana cubría como falda el rústico balcón de aquel inmueble descolorido. Al medio, prendido por tachuelas, el único afiche del movimiento, la foto en blanco y negro de Carlos y Mónica, la pareja líder, sonrientes.
A las 11 de la mañana, la caravana de buses y camionetas empezó el lento retorno a La Paz. Un nuevo partido iniciaba su andadura hacia las elecciones presidenciales de 1989. Le esperaba un sorpresivo cuarto lugar, con un 12% de los votos y una abultada victoria en el departamento de La Paz.
Estallido
Una orden emanada de la Corte de Distrito había interrumpido la clausura de los medios palenquistas por casi tres meses. La ratificación del silenciamiento por parte de la Corte Suprema en Sucre, fue notificada a la prensa el jueves 3 de noviembre de aquel 1988. Era una agonía judicial en dos tiempos.
La noticia detonó una explosión popular pocas veces vista. Miles de sindicatos de estandarte tricolor e indignadas mujeres de pollera llenaron con sus gritos y sollozos la plaza San Francisco la tarde del martes 8 de noviembre, día en el que RTP volvía a apagar sus equipos. La plaza hervía de furia. Un grito incesante se fue expandiendo entre la muchedumbre: “¡Condepa, Condepa, Condepa al poder!”. De manera instintiva, la gente blandía el puño y Palenque iniciaba su vida política con una plaza erizada. Ahí y no tanto el 21 de septiembre, se acunaba el huracán que abarcaría una década de cuantiosas cosechas electorales.

El 4 de mayo del año siguiente, San Francisco volvería a quedar a tope. Condepa cerraba campaña, Palenque vestía de poncho, el color del partido era el café de la tierra, la plancha de dirigentes ya estaba llena y la cantidad de aymaras que secundaban al Compadre aquella madrugada del 21 de septiembre en Tiwanacu, se había diluido considerablemente. El partido había sido “capturado” por rostros conocidos, políticos de diverso origen, profesionales del quehacer parlamentario. Acá retratamos a cuatro de ellos.
ILUSTRACIÓN SERGIO SALAZAR / DGR-UCB Rivales
La toma de Condepa empezó dos meses antes del Manifiesto de 21 puntos. Producida la clausura de RTP, Reynaldo Venegas, hoy ya fallecido, fue el único diputado que usó su curul para protestar por la decisión de su partido de clausurar los dos medios de comunicación. El orureño, ducho en leyes, logró colocarse estratégicamente al lado del exfolklorista y conductor de programas a la hora de redactar memoriales y apelaciones. Venegas logró que la Corte de Distrito de La Paz resolviera la reposición de las emisiones el 8 de agosto.
Convencido de que el movimiento derivaría muy pronto en una sigla partidaria, Venegas atrajo tras de sí al grupo Bolivia, un cenáculo de políticos de orientación nacionalista, muchos de ellos con una clara inclinación conservadora. Ahí figuraba Jorge Escobari Cusicanqui, quien a sus 62 años, se decidía por la vida partidaria tras haber sido canciller del fugaz gobierno del general David Padilla Arancibia en un año clave para cualquier diplomático: el primer centenario de la pérdida del Litoral.
El 8 de octubre de ese 1988 fundacional, Venegas declaraba que el naciente partido no estaba “ni con la izquierda extremista y alienante ni con la derecha dependiente, sino con el verdadero nacionalismo revolucionario”. Venegas se había distanciado del MNR que lo llevó a la cámara baja, porque lo consideraba un partido que, de la mano de Sánchez de Lozada, había arriado las banderas de abril de 1952. Su obsesión en el Congreso era el proyecto poli-metalúrgico Bolívar, un ingenio industrial soñado por ingenieros patriotas.
Aquel fin de año de 1988 fue clave para operar la toma de la dirección partidaria. Los medios estaban clausurados. Aunque Palenque fue acogido por radio Méndez primero y por radio Continental más tarde, la movilización social fue declinando y el asedio del gobierno se hizo cada vez más severo. Las labores del partido, como recolectar 27 mil firmas para lograr su personería jurídica, organizar visitas que mantuvieran el nexo con la gente, buscar alguna llegada a otros departamentos, fueron mejorando las condiciones para el desembarco de los nuevos dirigentes. Defender RTP requería de cualidadesdiferentes que las usadas para redactar proclamas o proponer un plan de gobierno.
Dos fracciones avanzaban en busca del núcleo del movimiento: el grupo Bolivia y el grupo Octubre. Los primeros, los amigos de Venegas, el número dos del naciente partido; los segundos, los impulsores de la izquierda nacional, dirigidos por el periodista y abogado Andrés Soliz Rada, también fallecido.
Aquel 8 de noviembre de la segunda clausura de RTP, busqué a Soliz en las puertas del edificio de la Federación de Fabriles cuando la multitud ya se dispersaba. Le dije que me interesaba entrevistarlo. Soliz no quería entrevistas, necesitaba brazos y cerebros que apuntalaran su grupo interno dentro del naciente partido. Frente a una taza de café, el hombre que acababa de dejar la dirección informativa de un canal de televisión, y mantenía cercanía con la agencia France Press, me advirtió sobre el peligro de que la derecha se apoderara de la mente y el corazón del Compadre. “A nadie le conviene que este movimiento se transforme en una derivación del fascismo”. Creo recordar esa frase casi textual. Soliz se percibía a sí mismo como una puerta de acceso para una izquierda que por entonces no se había podido recuperar del desplome de la UDP, sucedido hace solo tres años.
Cooperé con él durante dos años, primero a fondo, y luego con una creciente desconfianza por un proceso que se nublaba cada vez más con diversas y caóticas incorporaciones. El 12 de febrero de 1989, Venegas terminaba expulsado del nuevo partido. Menuda sorpresa. La ofensiva de Soliz cosechaba su primer fruto. El abogado orureño aspiraba a ocupar el primer lugar en la lista de candidatos al parlamento por el departamento de La Paz. El lugar iba a corresponder a Remedios Loza, la fiel escudera de Carlos Palenque. Venegas, un mal calculador, pensó que ir como segundo de la lista era una apuesta arriesgada. Tanto insistió en tener predominancia, que acabó fuera. Luego se arrepentiría. Los curules asegurados no fueron ni uno ni dos, sino nueve.
Reynaldo Venegas.
Ofensiva
Noviembre de 1988. Un grupo de señores se reúnen en una casa de la zona sur. Son los nuevos condepistas. Ninguno de ellos salió a manifestarse cuando en junio de ese año, la Dirección General de Telecomunicaciones (DGT) dispuso la clausura de RTP. Es más, alguno de ellos incluso firmó un documento aplaudiendo la medida. Con el paso de varios años de lealtad, aquel error pudo ser olvidado justicieramente.
Ese domingo, los congregados hacen un balance de lo logrado hasta ese momento. Dibujan un mapa mental en el que se colorean los avances de los seguidores de Venegas y de los presentes. Está claro que necesitan más incorporaciones. Dos son los convocados más citados: Ricardo Paz y Julio Mantilla, dos hombres que se trenzarían pronto en una rivalidad de larga data.
Gonzalo Ruiz Paz, hoy fallecido, quien varios años después se convertiría en esposo de la periodista Cristina Corrales, sube las escaleras del monoblock de la UMSA rumbo a la Decanatura de Ciencias Sociales. Allí lo espera un hombre robusto y emotivo. Su nombre es Julio Mantilla Cuéllar, también fallecido, y un olvidado de la historia política de Bolivia.
Mantilla comenzó su vida militante en el Partido Comunista de Bolivia (PCB), fundado en la década del 50, donde se entremezcló con la membresía campesina, dentro de lo que se consideraba a sí mismo como un partido obrero.
Esa decisión fue importante para su trayectoria. Mantilla se vio en la necesidad de explicarle a los campesinos aymaras y quechuas que la vanguardia de la revolución no eran ellos, sino los asalariados de las fábricas, las minas y los ferrocarriles. Decirles que eran “furgón de cola” de la revolución no parecía ni pertinente ni sagaz. En el periódico del PCB, Unidad, firmaba con un pseudónimo de sazón precolombina: Juanito Lupi Kala.
Andrés Solíz Rada.
Ante ese reto, desarrollado en años de dictadura, se fue dando cuenta de que entre campesinos y obreros había una conexión indestructible; todos ellos eran indígenas. Entonces fue puliendo el lazo para hacerlo fecundo.
Escarbó en la Historia del país y se encontró con los pasos del nacionalismo precursor de la Revolución de 1952. Allí detectó la alianza ansiada entre sus dos interlocutores y subrayó el nombre del ex presidente mártir, Gualberto Villarroel. Mantilla estudió el Congreso Indigenal de 1945, convocado por ese gobierno militar y conoció a Antonio Álvarez Mamani, quien presidió el cónclave.
Ahí Mantilla se convirtió en un nacionalista de matriz indígena.
Cuando su partido, el PCB, ascendió al poder en 1982, se plegó al sector salud, desde donde respaldó los comités populares de salud, que organizaron farmacias y atención médica para los más pobres.
Tras el fracaso de ese gobierno, Mantilla se replegó a la Universidad. El puente de ideas con los miembros del grupo Octubre ya estaba tendido. Gonzalo Ruiz Paz lo convenció de jurar a Condepa. No tardó nada en transformarse en una figura central. Elegido diputado en 1989, Mantilla fue el arquitecto de la simbología partidaria. Palenque se revestía de las ocurrencias mantillistas.
En 1991, Julio fue elegido alcalde de La Paz, meta que Palenque no consiguió dos años antes. Condepa gobernaba la ciudad más importante del país. Mantilla fue expulsado del partido y a raíz de ello compitió por la reelección con una sigla prestada, la del MNR. El periodista Carlos Soria Galvarro ha publicado una carta que le dirigió Mantilla en su fase más crítica. En ella, el exalcalde, fallecido en 2012, cuenta que quienes lo echaron del partido fueron Ricardo Paz Ballivián y Mónica Medina de Palenque. Esta última lo reemplazó en la silla municipal tras casi empatar con él en las urnas en 1993. “Intenté una jugada riesgosa, que hoy reconozco como mi primer error político: la alianza con el MNR”, escribe el exalcalde. “Me equivoqué y perdí”, señala más adelante.
Julio Mantilla.
En la carta, Mantilla confirma que tras su enjuiciamiento por parte de la nueva directiva municipal, su situacióneconómica se tornó catastrófica. Seis años después de su muerte en Sipe Sipe, Cochabamba, corresponde ir recuperando su obra y pensamiento.
Julio Mantilla ingresó a Condepa en diciembre de 1988. Lo hizo lo suficientemente tarde como para no encontrar espacios vacantes, pero lo suficientemente temprano como para activar la campaña electoral en puertas. Se transformó en pieza central de la irradiación discursiva.
Su primer puesto fue el de jefe departamental de La Paz. La función lo colocaba en directa relación con la gente, pero sobre todo, en fricción creativa con la mayor parte de la militancia de un partido con fuerte implantación regional. Cuando se distribuyeron las colocaciones en las listas de candidatos, Mantilla resultó fuera de la llamada “franja de seguridad”. A diferencia de Venegas, no hizo ningún reclamo. Para sorpresa de todos, el partido lograba dos senadores y nueve diputados, Mantilla entre ellos.
Toma y retoma
Para 1989, el grupo Octubre ya había ocupado gran parte del escenario. Los aymaras que lo fundaron y que organizaron el Comité de Defensa de RTP no tuvieron más remedio que desalojar los puestos de mando. La mayoría de ellos se había educado en las filas de ADN, el partido del general Banzer. Para algunos, como Genaro Torres y Mario Valda, reemplazado sorpresivamente por el recién llegado Mantilla, el partido se había llenado de “comunistas”. El 22 de abril de ese año, ambos fundaban una nueva entidad de efímera duración: Condepa nacionalista. El 3 de septiembre de 1992, con Mantilla ya ejerciendo como exitoso alcalde, el senador condepista José Taboada denunció: “Hay un entorno comunista y familiar”. El 12 de diciembre, casi confirmando tales reproches, jura al partido el dirigente fabril Daniel Santalla. Él, junto a Soliz Rada, serían los dos ex seguidores de Palenque, que casi dos décadas más adelante, se unirían al gabinete de Evo Morales.
En 1993, Ricardo Paz Ballivián, sociólogo con estudios en México, exsimpatizante del MIR antes del surgimiento de Condepa, ya había perfilado su ascenso dentro del partido de Carlos Palenque. Junto a Carlos Cordero, Paz se fue convirtiendo en un asesor cercano de la familia del caudillo. Así, mientras Mantilla invertía sus desbordantes energías en el gobierno municipal, Paz tejía influencias desde la secretaría de desarrollo social de la Corporación de Desarrollo de La Paz (Cordepaz), cuota de poder que el MIR le entregó a Condepa por haber propiciado la formación del llamado Acuerdo Patriótico, en alianza con ADN. Poco a poco, Paz fue desplazando al grupo Octubre de la órbita de las decisiones. Su discurso giraba en torno a la necesidad de una renovación generacional, de la que Mónica Medina, pero también Manfred Reyes Villa, alcalde de Cochabamba y Johnny Fernández, alcalde de Santa Cruz, estaban invitados a participar. Ricardo Paz Ballivián.
El 29 de agosto de 1993, el alcalde Mantilla anuncia que irá a la reelección “con Condepa o sin ella”. Ricardo Paz responde el 2 de septiembre que el edil no es “imprescindible”. Jorge Medina, el también fallecido padre de Mónica, la esposa de Palenque, ratifica lo dicho por Paz. El 8 de ese mismo mes, Mantilla abandona el partido y el 2 de octubre firma un acuerdo con el MNR. El impulsor del acercamiento es Guillermo Bedregal, político ansioso por ganar fuerza frente a la impronta neoliberal del ya presidente Sánchez de Lozada. La fase de Ricardo Paz en Condepa apenas comenzaba. El siguiente paso fue su postulación como diputado y la elección de Mónica como aspirante a gobernar el municipio, hecho que cristalizó el 10 de diciembre.
El reinado de Paz duró los tres años siguientes. El 10 de septiembre de 1996 sufriría el mismo trato que su rival: la expulsión. Al saber la noticia, Mónica le lanzaría a Palenque una frase memorable: “Amor, no te equivoques”. Corre el mes emblemático, aquel de Tiwanacu, y la pareja símbolo del partido está fracturada. El día 25, Condepa clausura su primer congreso nacional en el que se ratifica la vigencia de un Palenque que ya aparece ante todos como el señor que tramita su divorcio. Éste arranca formalmente el 14 de noviembre. Tres semanas antes Mónica y Ricardo Paz anuncian la creación de un nuevo partido: Bolivia Insurgente. El 6 de diciembre, los seguidores de la exalcaldesa convocan a lo que bautizan como “el Monicazo”. Varios operarios llegan a San Francisco para montar las tarimas del acto. Minutos más tarde, puñados de jóvenes comienzan a hostilizarlos. Organizados para “reventar” el encuentro, los grupos de choque multiplican los pugilatos. En cuestión de media hora, las llamas devoran los tablones de la plataforma. Bolivia Insurgente arde con ellos.
El 8 de marzo del año siguiente, un rayo cae macizo sobre la ya frágil estructura del Condepismo. Un infarto acaba con la vida de Carlos Palenque. La tragedia coincide con la confrontación entre los esposos y muchos seguidores le atribuyen el paro cardiaco a las maquinaciones que terminaron por escindir la cúpula del partido. Llegaba la hora para el retorno final de Soliz Rada, quien junto a Remedios Loza, terminaría por administrar la agonía final del partido.
Se ha dicho reiteradamente que Condepa fue el fenómeno social que precedió y aceleró la llegada del MAS al poder. Dicha afirmación es altamente convincente. Desde 1988, los paceños y alteños se indispusieron precozmente con el neoliberalismo. En tal sentido, su mudanza de Palenque a Evo no resultó descabellada. Si eso es así, de nuestros cuatro personajes descritos, el que mejor condensa ese tránsito es Andrés Soliz Rada, el hombre que estableció con su presencia el puente entre aquel inicio en Tiwanacu y la nacionalización del gas casi dos décadas después.
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