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De Pérez Hoyos, Jairo Toro y los fantasmas de Guayaquil

Guido Loayza Mariaca / Expresidente de la FBF

Un domingo como hoy hace 28 años Bolivia se clasificaba por primera vez al evento futbolístico más importante del planeta donde miles de millones de hombres, mujeres y niños se unen en una especie de catarsis detrás de la bandera de su país. Me ha pedido Página Siete que de los tantos fantasmas que nos tocó sortear, les cuente aquel que generó tanta polémica y se inició en la ciudad de Ghiggia, Schiaffino y Obdulio Varela.

Recuerdo Montevideo, la semana anterior al partido contra Ecuador, donde Bolivia cerraba la clasificatoria y se definía el resultado de nuestro sueño de llegar al Mundial. Trabajamos mucho para cuidar todos los detalles para nuestra estadía en la capital uruguaya. Sabíamos, como dicen los anglosajones, que “el diablo está en los detalles”. Nuestra estrategia era que debíamos llegar a la sede del partido lo más cerca del encuentro y nuestra experiencia en Libertadores y eliminatorias nos aconsejaba que no debíamos comer nada en el hotel.

Nos contactamos varios días antes con el encargado de Negocios de Bolivia en Uruguay, Antonio Mariaca, para pedirle su colaboración y discreción. Enviamos un grupo de avanzada para llevar adelante todas las gestiones necesarias y suficientes para cumplir lo planificado; en ese grupo estaban Óscar López, el Negro Azcui –a la sazón, el “mudo” porque debía evitar ser reconocido por su acento boliviano– y Bachicha Biadós, argentino él, encargado de las compras. Debían asimismo realizar todas las gestiones relativas al transporte, acreditaciones, alojamiento y, sobre todo, preparar el almuerzo con la familia Mariaca, en su domicilio.

Ya en Montevideo, el domingo, día del partido, desde muy temprano los dirigentes nos reunimos en mi habitación y sacamos las calderas eléctricas, el menaje, las bandejas y accesorios que llevamos desde Bolivia. Preparamos el desayuno con el pan fresco, las facturas y los acompañamientos que fueron recién comprados por los responsables de esa labor. Llevamos personalmente el desayuno a las habitaciones de cada uno de los jugadores y miembros del cuerpo técnico, que recibieron el servicio con mucho agradecimiento y sorpresa por el afanoso trabajo que estábamos dispuestos a realizar los dirigentes –en su mayoría reconocidos profesionales, incluido Luis Retamozo que entonces era subsecretario de Estado– para sacar adelante el proyecto tan anhelado por el pueblo boliviano.

El plantel de jugadores pasó la mañana en los chequeos médicos y en la prolija charla técnica que daba el profesor Azkargorta, que yo no me perdía. Antes del mediodía, para sorpresa del personal hotelero y de la seguridad uruguaya del equipo, el plantel de jugadores y cuerpo técnico dejó el hotel y partió a Pocitos a comer un almuerzo casero.

En la tarde nos fuimos al célebre Centenario y al acercarnos al parque Batlle Ordóñez ya pudimos percibir que estábamos ante una contienda especial y distinta a la que nos tocó jugar en 1989 en el mismo escenario cuando con Jorge Habegger también nos jugamos la clasificación al Mundial; en ese entonces no había el morbo creado por la campaña de Bolivia que inopinadamente aparecía como favorita para clasificarse.

Había un clima enrarecido y hostil aumentado por la presencia de miles de bolivianos que cruzaron el “charco” desde Buenos Aires y que pintaron la tribuna Colombes con los colores de la bandera boliviana.

El partido tuvo un gran protagonista: Armando Pérez Hoyos, el colegiado colombiano que cobró un penal inexistente en la primera jugada del encuentro, lo que parecía el gran acicate para una goleada uruguaya que revierta el gol diferencia hasta ahí favorable a Bolivia. Nada de eso ocurrió, el equipo boliviano, con el puñal en la boca, buscó con intrepidez el empate y lo consiguió 20 minutos después. Pérez Hoyos volvió a salir al ruedo y, sin ninguna justificación, dio ocho minutos de adición en el primer tiempo hasta que Fonseca hizo el segundo de Uruguay. En el segundo tiempo Bolivia luchó denodadamente contra el gran equipo charrúa, apoyado ruidosamente por su público y silenciosamente por Pérez Hoyos hasta la expulsión de Juan Manuel Peña.

Salí del estadio con Julio Grondona, que era el veedor del partido. Le hice una puntualización de los errores del árbitro, que nos perjudicaron. Reconoció casi todos, pero también me dijo que debía haber echado a Erwin Sánchez por la agresión a Fonseca. Me tomó del hombro y me hizo unas reflexiones en tono paternal. “¿Cuántas veces te comiste estos malos arbitrajes? Hasta aquí has hecho un trabajo sorprendentemente bueno”.

En la conferencia de prensa, Xabier protestó enérgicamente por el arbitraje e invocó que los países futbolísticamente más chicos también tienen derecho a ir a un Mundial.

Hablé con los jugadores, les pedí que pasemos la página, que nos olvidemos de ese partido de pesadilla, que no hablemos más del árbitro y nos concentremos en Guayaquil, donde, dentro de una semana, todo dependería de nosotros.

¡Qué iluso había sido al creer que ése era el punto final! Cuando llegamos a La Paz, el aeropuerto estaba lleno de periodistas, no solamente deportivos, y las preguntas generalizadas eran: “¿Qué van a hacer con el árbitro? ¿Pedirán la anulación del partido? ¿Recusarán al árbitro contra Ecuador? ¿Aceptarán la decisión de la FIFA de poner otra terna colombiana en el partido contra Ecuador?

Debemos recordar el entorno que se vivía en esos días; el fútbol había dado un giro copernicano, de la apatía y descreimiento inicial a la euforia descontrolada del final. El fútbol había invadido los hogares, las oficinas, los ministerios y hasta el Palacio. En muchos casos parecía estar por encima de hechos mucho más importantes y trascendentes de la vida nacional. Como en el día de la transmisión presidencial, mucha gente estaba más pendiente de que se le había doblado el brazo a la FIFA –en una de las más importantes argumentaciones científicas en defensa de la hoja de coca– y Miguel Ángel Rimba era habilitado para jugar y Fidel Castro degustaba un mate de coca.

Por el partido contra Uruguay todos pedían justicia, venganza; esgrimían teorías conspirativas, que la FIFA estaba contra Bolivia y sus sueños; del Palacio Quemado nos ofrecían el bufete del Presidente en Nueva York para hacer un juicio a la FIFA. Se proponían acciones diplomáticas y toda suerte de iniciativas, y se inventaban dislates irresponsables como que Pérez Hoyos hubiera venido con nosotros desde Montevideo. Después de semejante bochorno, no había límite para la protesta y la indignación, pero poco espacio para la pasiva reflexión deportiva.

Sabíamos que la FBF debía tomar la decisión. O seguíamos el fácil expediente de tirar la piedra a la ventana, hacernos abanderados de la reivindicación y la teoría conspirativa –de manera que si no nos clasificábamos a USA 94, ya teníamos excusa: las fuerzas del mal se habrían impuesto injustamente contra una presa vulnerable e indefensa– o salir al frente y decir que no seguiríamos el camino de la victimización y que apostábamos por la clasificación, en la cancha y bajo premisas puramente deportivas seis días después.

Salí al frente y anuncié que escogíamos la segunda opción, aquella que nos dejaba sin excusas en caso de fracasar. Ahí se tuvo que vivir una verdadera avalancha de críticas y amenazas, hasta llamadas anónimas en las que me decían que sabían dónde vivía y dónde estudiaban mis hijos. Incluso un ministro amigo me dijo que estaba loco, que me iban a matar. ¿Qué razón había para no recusar al árbitro, como blindaje, como ardid político, aun sabiendo que el trámite no llegaría a nada?

Mensaje del presidente Luis Arce contra Evo Morales

 Mensaje del presidente Luis Arce contra Evo Morales

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=tLejmKsSXD0

200 Años de Libertad

Una canción en ritmo de salsa en homenaje a los 200 años de libertad de Bolivia hecha con inteligencia artificial Suno versión 3.5

Verse]

Dos siglos de historia viva
Celebramos con pasión
Bolivia libre y unida
Baila con el corazón

[Verse 2]

Las montañas y los valles
Testigos de esta nación
Con coraje y con alegría
Vibramos en esta canción

[Chorus]

Olé olé Bolivia
Dos siglos de libertad
Olé olé Bolivia
Bailamos sin parar

[Verse 3]

Desde La Paz hasta Santa Cruz
El ritmo nos une más
Cumbia salsa y trenzado
Somos un solo compás

[Bridge]

La bandera ondea alta
Verde amarillo y rojo en el cielo
La gente canta y celebra
Llevamos a Bolivia en el pecho

[Chorus]

Olé olé Bolivia
Dos siglos de libertad
Olé olé Bolivia
Bailamos sin parar

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=Xnt7pqjwZbY


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Guerra del Chaco (IV): Los primeros comandantes

 Nota de prensa que salio publicada en el periodico Página Siete el díadomingo 22 de mayo de 2022

Los desencuentros entre los mandos militares y el Poder Ejecutivo se suceden desde que llegan las noticias del desafortunado desenlace de la toma de la laguna Chuquisaca.

Al pedir Salamanca se le proporcione el plan de operaciones en el Chaco, para salvar los papeles, Filiberto Osorio convirtió un documento interno del jefe de operaciones, Ángel Rodríguez, en el “Plan Operativo N° 1” del Estado Mayor General. Este “plan” buscaba tentar el interés presidencial, afirmando que, producto de un supuesto plan operativo –que nunca fue elaborado–, el flamante fortín Mariscal Santa Cruz serviría para facilitar enormemente hacerse con una salida en el río Paraguay, más concretamente, en fuerte Olimpo.

Soldados bolivianos en la Guerra del Chaco, el 31 de mayo de 1934

La respuesta del presidente fue calmada y reflexiva, tratando de hacer entender a los jefes militares que, si bien el ansia de Bolivia era obtener un puerto permanente sobre el río Paraguay, las condiciones no estaban dadas para lograrlo en el corto plazo y, menos, haciéndose con fuerte Olimpo, “único puerto sobre el que el Paraguay podía demostrar propiedad desde tiempo colonial”.

Por ello insistía en la importancia y urgencia de contar con un sistema defensivo frente al adversario, que garantice el hacer valer en el campo diplomático el derecho de posesión sobre ese territorio.

Para mal del país, los desencuentros entre los mandos militares y el Poder Ejecutivo se suceden desde el mismo momento en que llegan las noticias del desafortunado desenlace de la toma de la laguna Chuquisaca: “Haciendo el balance de nuestras escasas fuerzas en el sudeste –ha escrito Salamanca– yo insinué al general Osorio, la urgencia de hacer avanzar a esa región al batallón Colorados, que se hallaba más o menos entre Ingavi y Picuiba (...).

Osorio recibió mal esa indicación y expresó su oposición a esa orden. “Era manifiesta a mi juicio –explicó Salamanca más tarde– que las acciones militares inmediatas habrían de producirse en el sudeste. Es así que hoy mismo no me explico la obstinada resistencia del general Osorio”. Esta explicación corresponde a la realidad. “Las acciones de represalia iban a ser libradas en el sector en que había escasez de efectivos; enviar allí a los que estaban empleados en lugares donde no hacían la misma falta, era evidentemente lo que las circunstancias exigían (...). Pero el general mantuvo inquebrantable su oposición y acabó por decir que prefería renunciar al puesto que desempeñaba que impartir la orden que le indicaba el presidente. Salamanca le respondió que aceptaba la renuncia” (Alvéstegui, Salamanca. T4:41).

Entendiendo que con Osorio le sería imposible conciliar criterios, el presidente decide reemplazarlo con el general Carlos Quintanilla; empero, y de manera insólita para una institución de mando vertical, ambos militares se ponen de acuerdo para que el primero se mantenga en la jefatura del Estado Mayor General, mientras que Quintanilla vuelva a su puesto de comandante de la Primera División de Ejército. Como él mismo reconoció después, Salamanca tiene la “debilidad” de aceptar esa componenda, cuyas consecuencias pronto lamentaría.

Días después se acuerda que sea Quintanilla quien se desplace al Chaco para asumir el mando del recién creado Primer Cuerpo de Ejército, que era el aglutinante de las fuerzas allá destinadas y repartidas en tres divisiones.

Para conocer mejor al personaje, esto dice sobre él un amigo suyo: “El general Quintanilla es el general más joven del ejército nacional. Su juventud y su organismo hercúleo, sus ojos claros y su arrogancia, le dan el aspecto de un militar sajón. Quintanilla es activo y organizador. Es demasiado militar, pero no goza de la confianza general. (...) Quintanilla constituiría un alto valor militar bajo la dirección de un jefe. Lo considero sumamente nervioso y atolondrado. Tiene una idea muy elevada de sí mismo y esto lo muestra soberbio y vanidoso, pero sabe contraerse en la atención de sus deberes. (...). Pude anotar de mi parte que Quintanilla no conocía a fondo la situación militar del Paraguay. Estaba imbuido del espejismo de que Paraguay no afrontaría la guerra. Demostraba un profundo desprecio del enemigo. Tenía una seguridad absoluta en el éxito de la acción que se libraba en Boquerón y de ahí se originaban sus optimistas partes al Estado Mayor y sus proclamas a las tropas. (...) Los éxitos que obtuvo al hacerse dueño de Corrales, Toledo y Boquerón, lo ensoberbecieron. Cuando después se aclaró la situación en sentido de que Paraguay afrontaba la guerra con una preparación cuidadosa y estudiada desde antes y cuando en su afán de quebrantar el cerco establecido sobre Boquerón fracasaba, sufrió una lamentable depresión de espíritu” (Urioste, La Fragua: 129-130).

Una vez hubo aceptado esta nueva posición, Quintanilla ofreció el comando de su Estado Mayor al teniente coronel David Toro, que entonces gozaba de gran prestigio entre sus colegas. También Urioste da su impresión de este militar: “El (...) teniente coronel David Toro, es el cerebro del comando. Suele sostener puntos diferentes con el criterio del general Quintanilla. (...). Toro cree que el Chaco carece de valor y que Bolivia solamente sostiene allí una cuestión de honor nacional. Tiene un profundo desprecio por el elemento civil, al que califica de imbécil” (Urioste, La Fragua: 130).

Esos eran, pues, los hombres que habrían de dirigir las primeras operaciones bélicas en el Chaco. “Estaba imbuido del espejismo de que el Paraguay no afrontaría la guerra. Demostraba un profundo desprecio del enemigo”.

Biografia de Gregorio Colque

Gregorio Colque fue el correo humano ( chasqui ) que recorrio 380 kilometros en 6 días para informar en La Paz de la invasión chilena

  1. Jueves 20-02-1879      De Tacna a Palca ( 11 leguas )
  2. Viernes 21-02-1979     De Palca a la posta de Huchusuma ( 14 leguas )
  3. Sábado 22-02-1979     De Huchusuma a Chullucani ( 12 leguas )
  4. Domingo 23-02-1879  De Chulluncani a San Andrés de Machaca  ( 13 leguas )
  5. Lunes 24-02-1879       De SAn Andrés de mchaca a Tambillo 9 14 leguas )
  6. Martes 25-02-1979     De Tambillo a la ciudad de La Paz ( 10 leguas )

Escucha a Llajtaymanta en Spotify

Par quien quiera escuchar a Llajtaymanta en Spotify lo puede hacer median el siguiente enlace

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Escucha a Kalamarka en Spotify

 Kalamarka o Kala Marka puede ser escuchado en Spotify en el siguiente enlace

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Cómo saber cuanto está el dolar paralelo en Bolivia

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Escucha a Pacha en Spotify

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REVELACION IMPORTANTE: El demonio controla a muchos politicos afirma exorcista

 Este video se puede aplicar a Bolivia y a los actuales gobernantes ya que algunos muestran una maldad extrema

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=78AGXanBaj8

Escucha a Proyección en Spotify

 El grupo Proyección se encuentra en Spotify y puede ser escuchada mediante el siguiente enlace

https://tinyurl.com/4nd78h77

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Carlos Flores Bedregal: 44 años de búsqueda, tres juicios, una sentencia incumplida de la Corte IDH y nuevas pistas sobre su desaparición

El 17 de julio de 1980, Marcelo Quiroga Santa Cruz y Carlos Flores Bedregal fueron asesinados por la naciente dictadura de Luis García Meza, sin embargo, hasta el día de hoy se mantiene el secreto el paradero de los cuerpos de estos dos líderes políticos y luchadores de la izquierda boliviana.

Han pasado 44 años, se realizaron tres juicios y, en el caso de Carlos Flores, existe una sentencia incumplida de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) que responsabiliza al Estado por su desaparición, exige encontrar sus restos, abrir los archivos militares y resarcir a la familia.

La familia está compuesta, además de Carlos, por cuatro hermanas (una ya falleció), además de tíos y tías que ayudaron en la búsqueda de Carlos Flores Bedregal a lo largo del tiempo. Olga y Teresa, que también miltaban en la izquierda desde que eran unas adolescentes, a lo largo de este trayecto se convirtieron en luchadoras por la democracia y los derechos humanos. Estas dos mujeres, la noche del martes escucharon el relato minucioso y estremecedor del historiador Robert Brockmann sobre qué pudo pasar con el cuerpo de su hermano.

Brockmann expuso en la Asociación de Periodistas de La Paz (APLP) los resultados de una investigación, que pronto será un libro, sobre el golpe de 1980, el asalto a la COB y la desaparición de los restos de Quiroga Santa Cruz y de Flores Bedregal. Las hermanas Flores agradecieron la pesquisa que, según dijeron, da nuevas luces sobre las circunstancias de la muerte de Carlos y el destino de su cuerpo.

Durante el acto, tanto las hermanas Flores como Brockmann pidieron que los militares abran los archivos para saber lo que ocurrió aquel 17 de julio de 1980.

“Las generales que hoy son generales, hace 44 años eran niños de colegio, no hay ningún motivo por el cual no se abran los archivos militares, intentar tapar este secreto es intentar defender a García Meza”, dijo Brockmann, a quien le llama la atención que los gobiernos de Evo Morales y de Luis Arce hayan defendido con igual celo el secreto militar, como si fueran el propio gobierno de García Meza.

Olga Flores dijo que se abrieron los archivos “hasta de los nazis”, por lo que no entiende que se siga ocultando la verdad en Bolivia, más aun, tomando en cuenta que Hugo Banzer Suárez, a quien se atribuye la autoría intelectual de estos hechos, ya está muerto. Ella considera que este es el momento preciso para abrir los archivos porque la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) tiene que supervisar su sentencia sobre el caso.

Brockmann considera posible la versión de Luis Arce Gómez y de otros militares de que Banzer tuvo que ver con estas muertes, porque uno de los militares que disparó era del cuerpo de seguridad del expresidente y el otro era jefe de seguridad de su esposa, Yolanda Prada de Banzer, durante muchos años.

“Arce Gomez les habría dicho ‘este muerto no es mío, es de Banzer’ porque los militares que lo dispararon eran del equipo de seguridad de Banzer. Es plausible, absolutamente plausible”, expresa Brockmann. La explicación se encontraría en el anuncio realizado por Marcelo Quiroga Santa Cruz de que iniciaría un juicio de responsabilidades en contra de Banzer por la dictadura que lo mantuvo en el poder durante siete años. Luego, en democracia Banzer sería presidente electo y moriría aquejado por un cáncer antes de terminar su gestión.

Las pistas sobre los cuerpos

Muchas son las versiones que existen sobre el destino de los cuerpos de Marcelo Quiroga y Carlos Flores, pero Brockmann prefiere centrarse en las más probables.

Cuenta que, en el violento asalto a la COB, Carlos Flores murió en el acto porque recibió una ráfaga de disparos cuando trataba de ayudar a Marcelo Quiroga, quien había recibido un solo disparo, lo que lo mantuvo con vida unas horas más.

Ambos cuerpos, el uno herido y el otro muerto, fueron trasladados al Estado Mayor, donde empiezan a divergir las versiones. Aunque el historiador no se decanta por ninguna, dice que los restos pudieron ser enterrados en el osario de perros y caballos del Estado Mayor o en el lecho del río Orkojahuira, donde ahora se encuentra el hospital Gastroenterológico.

Relata con detalle la versión de que los cuerpos estaban al cuidado de un teniente y que posteriormente, según el relato de un capitán, habrían sido quemados para luego ser enterrados por partes en diversos puntos cercanos al Estado Mayor por órdenes de Luis Arce Gómez, el sanguinario ministro del interior del régimen.

Si bien esta versión está contenida en dos obras ficcionadas del general José Antonio Gil, Brockmann asegura que las fuentes del autor de las novelas, son los militares que vieron estos hechos y que eran compañeros de curso del autor de las mismas.

“Este capitán estaba a cargo de un grupo de militares que estaban haciendo guardia en una instalación eléctrica (hoy avenida Los Leones) y vieron que alguien hacia una fogata, además había olor a carne quemada. Eran militares, que le habrían dicho ‘mi capitán no avance más, estamos llevando a cabo órdenes muy delicadas’, y le cuentan que por orden de Arce Gómez ‘estamos quemando los restos de Marcelo Quiroga”, cuenta el historiador.

La hipótesis es que luego los cuerpos fueron enterrados por partes porque la gasolina no les habría alcanzado para convertirlos en carbón. Sin embargo, si ahora se trataría de buscar los restos sería una misión difícil porque el lugar ha cambiado mucho; donde solo había terrenos baldíos, hoy existe la avenida de Los Leones, atraviesa un puente trillizo, están las instalaciones de Toyosa y se erige la estación del teleférico amarillo/verde”.

Pero, la crueldad no solo se mide por estos hechos. Brockmann cuenta que la familia de Marcelo Quiroga supo sobre su muere el mismo 17 de julio, mientras que la familia Flores tuvo que esperar cuatro meses para conocer que había sido asesinado.

Mientras tanto los militares les decían que Carlos estaba en Puerto Cavinas, que estaba en silla de ruedas, que estaba amnésico o que necesitaba zapatos, o cualquier otra cosa. Las hermanas llevaban los zapatos y las encomiendas y tenían que pagar “a estos miserables” para que hagan llegar los encargos a una persona que ya estaba muerta, relata el historiador y también periodista

¿Quién era Carlos Flores Bedregal?

Carlos Flores Bedregal era hijo de un prominente oftalmólogo que, pese a haber ingresado a la facultad de medicina, se decidió por la política.

Brockmann cuenta que salió bachiller el 69 del colegio San Calixto y que quedó marcado por la guerrilla de Teoponte, a la que se eroló uno de sus compañeros de colegio.

Luego, siendo ya un perseguido de Hugo Banzer, se fue a Cochabamba, donde se convirtió en un obrero de fábrica para poner en práctica aquello que propugnaba en sus ideas como líder del Partido Obrero Revolucionario (POR), en su facción posadista.

Luego fue elegido diputado, primero suplente y luego titular, pero su carrera y su vida fueron cortadas de un cuajo en las gradas de la COB, aquel 17 de julio de 1980, cuando los dirigentes de izquierda de la época, ante el llamado de Juan Lechín, concurrieron para definir una estrategia de resistencia al golpe, que ya se anunciaba por todo lado.

Los tres juicios

Durante estos años, se llevaron adelante tres juicios. Uno de responsabilidades en contra de los principales autores del golpe de estado de 1980, por el que fueron condenados Luis García Meza, Luis Arce Gómez y otros.

El segundo fue el juicio contra los autores materiales del asesinato de Marcelo Quiroga Santa Cruz y Carlos Flores Bedregal. Pese a las evidencias, el único que cumple condena es Felipe Froilán Molina, alias el Killer, quien, sin embargo, no fue sentenciado por las muertes, sino por alzamiento armado.

Y, finalmente, el año 2006, las hermanas Flores iniciaron la demanda internacional por la desaparición de su hermano. La sentencia se emitió a finales del 2022 y fue notificada a las partes en enero de 2023, pero hasta ahora no se cumple, pese a que la mayor parte de los plazos están marcados para un año.

“El Estado es responsable por la desaparición forzada de Juan Carlos Flores Bedregal en violación de los derechos al reconocimiento de la personalidad jurídica, a la vida, a la integridad personal y libertad personal”, dice la sentencia de la Corte IDH, que dispone, entre otros puntos. lo siguiente:

El Estado realizará las investigaciones para esclarecer las circunstancias de la desaparición forzada de Juan Carlos Flores Bedregal en un plazo razonable a partir de la notificación de la presente Sentencia.

El Estado realizará las investigaciones sobre el paradero de Juan Carlos Flores Bedregal en el plazo de un año a partir de la notificación de la presente Sentencia.

El Estado brindará a las víctimas las medidas de rehabilitación médicas y psicológicas en el plazo de seis meses a partir de la notificación del presente Fallo.

El Estado deberá levantar la reserva de cualquier documentación relacionada con la desaparición forzada de Juan Carlos Flores Bedregal, en un plazo de un año contado a partir de la notificación de la presente Sentencia.

El Estado pagará, dentro del plazo de un año contado a partir de la notificación de esta Sentencia, las cantidades fijadas en esta sentencia por concepto de indemnización por daños materiales e inmateriales, y por el reintegro de costas y gastos.

Verlo morir a diario

Para Olga Flores encontrar la verdad es importante, porque mientras su hermano siga siendo un desaparecido ella lo ve morir diariamente, según relata.

“Es clave hacer que esta sentencia se cumpla, son 44 años y todos los días nosotros vivimos la muerte de Carlos. Esa es la condición del desaparecido, nosotros queremos darle sepultura”, expresa Olga Flores en medio de un cerrado aplauso en la Asociación de Periodistas, donde también se encuentran esta noche del 17 de julio de 2024 Oscar Eid y Carlos Soria Galvarro, dos sobrevivientes del ataque a la COB.

Fuente: Brújula Digital

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